Chirrían los cuchillos de acerados reflejos
en la noche esmeralda del inicial encuentro,
cuando ambos peregrinos buscan del otro el centro.
¡Ah, sutiles espejos!
Se levantan las olas, quedas, frente a la playa
que acaricia la piel de los pechos desnudos
de quienes ante el mar, suaves, se inclinan, mudos.
La marceleste raya.
Del barro y de la tierra se nutre el alfarero.
Ya le cansa este oficio por los dioses impuesto
y quisiera gritar, proferir un denuesto;
y se lamenta, pero;
si un pétalo pudiera con la yema del dedo,
en la hora más temprana, bajo la luz azul
romper con suavidad para abrir el baúl
que guarda el aire quedo.
Se dejaría descansar en paz.
Inspirado por la serie que publica Rosa Niña Guerrera en Youtube (http://www.youtube.com/user/roma77amor).
domingo, 8 de febrero de 2009
jueves, 15 de enero de 2009
lunes, 5 de enero de 2009
Palacios de cristal
Relucientes palacios de cristal,
estancias de luz y aire
en lo alto imaginadas,
por un necio creadas.
Solitarios arpegios en las naves
vacías de una fría catedral.
Pasos repiquetean
sobre el limpio cristal.
Sólo el eco devuelve
sonidos al azar.
Habita en aquel palacio real
junto al azul y al negro
en un mundo perfecto,
artificio por él creado a imagen
de sus infantiles sueños.
Pero bajo los techos transparentes
siente la ausencia del lodo
que nutre la tierra húmeda
tras el viento y la lluvia;
ansía el roce de hojas
y de las manos frías
tiernas caricias.
El aire seco y puro
que le envuelve y libera
no disfraza el olor
de la boñiga y de la azucena,
de la orilla del río
en los inicios de la primavera,
de la carne y de la hierba mojada
en noches de verbena.
Sólo en aquella fría soledad
se deja consumir
en paz.
estancias de luz y aire
en lo alto imaginadas,
por un necio creadas.
Solitarios arpegios en las naves
vacías de una fría catedral.
Pasos repiquetean
sobre el limpio cristal.
Sólo el eco devuelve
sonidos al azar.
Habita en aquel palacio real
junto al azul y al negro
en un mundo perfecto,
artificio por él creado a imagen
de sus infantiles sueños.
Pero bajo los techos transparentes
siente la ausencia del lodo
que nutre la tierra húmeda
tras el viento y la lluvia;
ansía el roce de hojas
y de las manos frías
tiernas caricias.
El aire seco y puro
que le envuelve y libera
no disfraza el olor
de la boñiga y de la azucena,
de la orilla del río
en los inicios de la primavera,
de la carne y de la hierba mojada
en noches de verbena.
Sólo en aquella fría soledad
se deja consumir
en paz.
domingo, 14 de diciembre de 2008
Tranquilidad
¡Si en esa última tarde pudiera
el mar mirar con tranquilidad!
como el que con alma clara espera
al final un amigo encontrar.
el mar mirar con tranquilidad!
como el que con alma clara espera
al final un amigo encontrar.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Todos nosotros
Se arreciman encogollados sobre ocres barras de hierro
y gritarían su desesperación al viento
si éste aún soplara entre las basuras y los excrementos.
Un cielo oscuro contra un mar negro,
la noche sin luna abre su boca lechosa
y deja caer su lengua sobre las cosas.
Desvergonzada y desdentada lame
el alquitrán y la piedra,
saliva en la chupa negra.
El mundo se rasca los piojos apelotonados en su cabeza,
como manadas de cebras
huyendo de uñas grasientas.
Crecieron, se multiplicaron y movieron,
llegaban hasta el mar y se preguntaban
¿no hay más? y allí se amontonaban.
Perdieron el recuerdo del calor de los bosques,
del sabor de la sangre fresca de las manzanas.
Olvidaron el crepúsculo en las tendidas praderas,
el aire en el rostro, el cielo sobre la cabeza.
Escaleras estrechas, letras en los ascensores.
"Sí, cabemos, nos apretamos".
Intimidad sobre el linóleo despegado;
cebolla, brillantina y heces;
ojos húmedos, furtivos, indiferentes;
cáscaras que se repelen.
Chabolas con suelo de tierra preceden a las paredes de doble papel,
las ratas quedan atrás y debajo;
resbalan en pulidas tuberías de acero
que llevan el gas a quienes viven encogollados sobre ocres barras de hierro
y mueren, sin saberlo,
cerca de las estrellas.
En días muy tristes y, por desgracia, casi indiferentes.
y gritarían su desesperación al viento
si éste aún soplara entre las basuras y los excrementos.
Un cielo oscuro contra un mar negro,
la noche sin luna abre su boca lechosa
y deja caer su lengua sobre las cosas.
Desvergonzada y desdentada lame
el alquitrán y la piedra,
saliva en la chupa negra.
El mundo se rasca los piojos apelotonados en su cabeza,
como manadas de cebras
huyendo de uñas grasientas.
Crecieron, se multiplicaron y movieron,
llegaban hasta el mar y se preguntaban
¿no hay más? y allí se amontonaban.
Perdieron el recuerdo del calor de los bosques,
del sabor de la sangre fresca de las manzanas.
Olvidaron el crepúsculo en las tendidas praderas,
el aire en el rostro, el cielo sobre la cabeza.
Escaleras estrechas, letras en los ascensores.
"Sí, cabemos, nos apretamos".
Intimidad sobre el linóleo despegado;
cebolla, brillantina y heces;
ojos húmedos, furtivos, indiferentes;
cáscaras que se repelen.
Chabolas con suelo de tierra preceden a las paredes de doble papel,
las ratas quedan atrás y debajo;
resbalan en pulidas tuberías de acero
que llevan el gas a quienes viven encogollados sobre ocres barras de hierro
y mueren, sin saberlo,
cerca de las estrellas.
En días muy tristes y, por desgracia, casi indiferentes.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Aeropuerto
Se refleja el cristal en las baldosas
y se yerguen palmeras contra el cielo,
barullo de maletas sobre el suelo.
Pasa veloz el joven y sus rosas,
se cruza con mujeres aún hermosas,
serias mientras esperan a su vuelo.
Ni una oreja sin móvil ¡qué revuelo!
Llora un niño abrazado a muchas cosas,
cansado por el lento discurrir
del tiempo en el brillante marcador
que rige de la vida el devenir.
Ninguno ve la sombra sin fulgor
que contempla impertérrita el partir
de quienes aún disfrutan del calor.
Inspirado por un cuento de Mario Benedetti.
y se yerguen palmeras contra el cielo,
barullo de maletas sobre el suelo.
Pasa veloz el joven y sus rosas,
se cruza con mujeres aún hermosas,
serias mientras esperan a su vuelo.
Ni una oreja sin móvil ¡qué revuelo!
Llora un niño abrazado a muchas cosas,
cansado por el lento discurrir
del tiempo en el brillante marcador
que rige de la vida el devenir.
Ninguno ve la sombra sin fulgor
que contempla impertérrita el partir
de quienes aún disfrutan del calor.
Inspirado por un cuento de Mario Benedetti.
martes, 18 de noviembre de 2008
Pequeña rima
¡Oh dulce tristeza!
¿por qué eres tan inmensa?
Los pájaros vuelan,
Cecilia
¿por qué eres tan inmensa?
Los pájaros vuelan,
las barcos navegan,
las semillas crecen,
los árboles florecen.
La naturaleza es tan bonita
como si fuera una margarita
(agosto y septiembre de 2008)
Cecilia
lunes, 10 de noviembre de 2008
Toro
Muere el toro en la plaza
mirando al torero.
Sus miradas se cruzan
en el postrer momento.
"Entonces dime, cruel,
¿no fue por cortejarme
tu lento devaneo?"
El matador escupe
saliva y sangre seca
envuelto en silencio.
De nuevo ha matado
tras haber amado
y se odia por ello.
Arrastran al toro,
ojos abiertos,
corazón frío.
Muerto.
Estas palabras surgieron como comentario al poema de Lita Gómez "Lidia", que leí en su blog "Duendeadictos" de La Comunidad de El País. He intentado recuperarlo para, con el permiso de la autora, reproducirlo aquí; pero no lo he encontrado. Lástima, porque estaba muy bien.
19 de mayo de 2010
He encontrado el poema de Lita Gómez, lo recupero para la entrada
Se inundaron mi ojos tristemente
llore en compañía soledades
mi corazón se tornaba tempestades
y derrame mis ojos como fuentes
el discutir... ¡¡ya ves!!
era frecuente
no nos cambio ni besos ni señales
ni época del año ni las edades
que todo se moría fatalmente
no tuve ni respiro, ni consuelo
mi casa se tornaba ya sombría
sin luz me pareció el claro día
y por callar, ni hablaba con el cielo
me hundi en un pozo , un agujero
sin saber cual seria el desenlace
mientras tu, vida ,en la sombra paces
yo fui el toro , tu el torero
Mis bramidos , sonaban
¡¡humor fiero!!
mis heridas quemaban
¡¡la ira nace!!
tu, con tu capote me deshace
yo, fiel al poderoso ganadero
yo fiera brava , hambrienta
sin gustarme lo crudo del asunto
estando viva , me sentía difunto
y mi amor...
con tu espada ya sangrienta
se rendia a tus pies
¿y el duelo es justo?
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Reflejos

Forma la lluvia efímeros espejos
en la tierra mojada del camino
que recorren los pies del peregrino.
Surgen del suelo robles, pinos, tejos;
de montañas y soles los reflejos.
"Corta nuestra existencia, triste el sino
de la vida que mata el asesino
que supera los árboles añejos.
¡Quién pudiera el crepúsculo admirar,
Ver de la noche el rosado confín!"
Comienza el sol los charcos a secar,
vence de los reflejos el motín;
vuelve el camino a frío y seco estar,
ve de su eco la montaña el fin.
(Fotografía de Juanjo Arrojo Martínez)
Inspirado por "When I Have Fears", de John Keats
viernes, 31 de octubre de 2008
Alba
Cuando a extinguirse empieza ya la noche,
cuando ya la humedad cala los huesos,
cuando el soplo del viento apaga besos
y los ojos dibujan un reproche;
te arrepientes de haber puesto este broche
a una noche de música y excesos.
Sientes la fría pena de los presos
que en su celda imaginan cada noche
una sábana blanca y una manta.
Por encima de los tejados ves
un tenue carmesí que se levanta,
que recuerda tu nombre, y donde estés
la voz oyes de nuevo que te canta
una nana sentándose a tus pies.
cuando ya la humedad cala los huesos,
cuando el soplo del viento apaga besos
y los ojos dibujan un reproche;
te arrepientes de haber puesto este broche
a una noche de música y excesos.
Sientes la fría pena de los presos
que en su celda imaginan cada noche
una sábana blanca y una manta.
Por encima de los tejados ves
un tenue carmesí que se levanta,
que recuerda tu nombre, y donde estés
la voz oyes de nuevo que te canta
una nana sentándose a tus pies.
lunes, 13 de octubre de 2008
jueves, 2 de octubre de 2008
Dioses
Los dioses le arrojaron a un bosque oscuro,
y se escondieron.
Los buscaba; pensaba que ellos jugaban.
Todo le recordaba su casa,
donde nunca había estado.
Una hoja era una real barcaza.
El viento traía el aire del Olimpo,
de la nieve virgen y blanca.
El sol hacía brillar un palacio de oro,
con jardines eternos,
vagos atardeceres
y rincones amenos.
Y, sobre todo, el amor,
multiplicador.
Esperaba con el corazón henchido,
latiendo.
Noventa y nueve, cien.
Despertó
en el silencio
de aquel bosque oscuro
de su nacimiento.
Y fue entonces cuando supo
sábado, 20 de septiembre de 2008
Noche y Luna
Rojo, verde, azul;
colores primarios
relucen bajo un cielo estrellado
en la noche blanca y negra
que iluminan tus muslos
acerados.
Descansa la luna en ellos
y el reflejo tornasolado
de sus rayos
hace estallar campo y flores.
¿Quien pudiera contar
lo que fue aquella noche,
clara como el día,
en que tus caderas fueron almohada
y compañía?
No recuerdo olores
no recuerdo sabores,
tan solo recuerdo
colores
en la noche blanca y negra.
colores primarios
relucen bajo un cielo estrellado
en la noche blanca y negra
que iluminan tus muslos
acerados.
Descansa la luna en ellos
y el reflejo tornasolado
de sus rayos
hace estallar campo y flores.
¿Quien pudiera contar
lo que fue aquella noche,
clara como el día,
en que tus caderas fueron almohada
y compañía?
No recuerdo olores
no recuerdo sabores,
tan solo recuerdo
colores
en la noche blanca y negra.
Mar
Si dejaras que el mar los pies te bese,
que se empapen tus muslos de sal y olas,
que se llene tu vientre de amapolas
y que el agua tu pecho sumergiese;
si nadaras a donde nada hubiese,
donde habitan las almas que están solas
y lucen a la noche agrias farolas;
si el rostro un beso helado recibiese
y el frío del océano quemara
la piel que envuelve el corazón durmiente;
si algún día tal cosa te pasara,
y sólo te encontraras, impotente;
abre los ojos para ver la cara
del que en la mar nos mata, complaciente.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Restos
Recuerdo aquel verano, aquel amor
intenso, fuerte, no correspondido.
Siento la llaga de lo no vivido,
de la ausencia de una piel el dolor.
Me falta haber sentido su calor,
haberla amado en lecho compartido,
olvidarla tras haberla perdido.
Me falta haber probado su sabor.
Flotan aún restos suyos en el mar,
inmensidad de direcciones frías.
Aún podría sus huellas encontrar.
Quizá esté viva y haga poesías
y en ellas llame a quien la quiso amar,
quizá busque en la Red historias mías.
Pero a mí ya ¿qué más me da?
intenso, fuerte, no correspondido.
Siento la llaga de lo no vivido,
de la ausencia de una piel el dolor.
Me falta haber sentido su calor,
haberla amado en lecho compartido,
olvidarla tras haberla perdido.
Me falta haber probado su sabor.
Flotan aún restos suyos en el mar,
inmensidad de direcciones frías.
Aún podría sus huellas encontrar.
Quizá esté viva y haga poesías
y en ellas llame a quien la quiso amar,
quizá busque en la Red historias mías.
Pero a mí ya ¿qué más me da?
Agradezco a Tierrafracio (http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/tierrafracio) los valiosos comentarios y correcciones que realizó a la primera versión de estas líneas. Por supuesto, los errores son tan sólo responsabilidad mía.
jueves, 21 de agosto de 2008
Amanecer
Un manto negro pálido, rosado
en azul se transforma poco a poco.
Gotas de rocío en el pelo toco,
vibra en el cielo un gemido ahogado,
de los labios el hueco ya cerrado.
Son dioses antiguos los que yo invoco,
son males eternos los que revoco
en el aire puro transfigurado.
Que el rayo primero de la mañana
selle el sacramento de nuestro amor.
Que esta aurora sea luz que sana
de olvidos y reproches el ardor
y que al saber la oscuridad cercana
la esperemos juntos y sin temor.
en azul se transforma poco a poco.
Gotas de rocío en el pelo toco,
vibra en el cielo un gemido ahogado,
de los labios el hueco ya cerrado.
Son dioses antiguos los que yo invoco,
son males eternos los que revoco
en el aire puro transfigurado.
Que el rayo primero de la mañana
selle el sacramento de nuestro amor.
Que esta aurora sea luz que sana
de olvidos y reproches el ardor
y que al saber la oscuridad cercana
la esperemos juntos y sin temor.
domingo, 17 de agosto de 2008
Noche
Fría, cubierta por ceniza
sola y oscura presencia.
Inmenso espacio desolado
giran furtivos entre ruinas
sin tocarse, sin mirarse;
los ojos hacia adentro, ansiosos.
El silencio aquieta las aguas,
desciende el alma a lo profundo
y allí se deshace
fluyen oscuros los glaciares,
hielo silente que penetra
en las entrañas de la tierra.
No hay recuerdos;
tan solo una noche sin día,
sin ayer, sin mañana, sin hoy.
Una existencia vaporosa, cenagosa.
Negro en el cielo, silencio,
y, en el último rincón del pensamiento,
una risa,
verde y rojo,
la brisa.
¿Un consuelo?
No,
tan solo el eco
de por lo que allí fueron.
sola y oscura presencia.
Inmenso espacio desolado
giran furtivos entre ruinas
sin tocarse, sin mirarse;
los ojos hacia adentro, ansiosos.
El silencio aquieta las aguas,
desciende el alma a lo profundo
y allí se deshace
fluyen oscuros los glaciares,
hielo silente que penetra
en las entrañas de la tierra.
No hay recuerdos;
tan solo una noche sin día,
sin ayer, sin mañana, sin hoy.
Una existencia vaporosa, cenagosa.
Negro en el cielo, silencio,
y, en el último rincón del pensamiento,
una risa,
verde y rojo,
la brisa.
¿Un consuelo?
No,
tan solo el eco
de por lo que allí fueron.
domingo, 10 de agosto de 2008
Sombras
En el centro de la ciudad
hay edificios de cristal.
Están llenos de personas.
Silenciosos ascensores
las llevan a las alturas
y allí,
desde salas y despachos,
miran la ciudad,
tendida a sus pies.
Llegan temprano,
se van de noche
cargados de papeles,
importantes.
Vienen de muchos lugares:
de barrios obreros
de aceras estrechas
y edificios altos;
de casas elegantes,
con piscina y criada.
Todos son iguales,
quieren una sombra
en el mundo de los hombres.
Follan entre ellos
(para ligar
no hay tiempo).
Son inteligentes,
trabajadores,
sensibles.
Algunos escriben poesías,
en sus ordenadores plateados;
y luego las cuelgan
en algún blog olvidado.
Pero no les hacen caso
-a sus poesías-;
lo que cuenta es su sombra
en el mundo de los hombres.
Y un día desaparece la sombra
y piensan que ya no están
que ya no son;
pero su carne, su sangre ahí sigue;
es el sol el que se ha apagado
porque llega la noche.
hay edificios de cristal.
Están llenos de personas.
Silenciosos ascensores
las llevan a las alturas
y allí,
desde salas y despachos,
miran la ciudad,
tendida a sus pies.
Llegan temprano,
se van de noche
cargados de papeles,
importantes.
Vienen de muchos lugares:
de barrios obreros
de aceras estrechas
y edificios altos;
de casas elegantes,
con piscina y criada.
Todos son iguales,
quieren una sombra
en el mundo de los hombres.
Follan entre ellos
(para ligar
no hay tiempo).
Son inteligentes,
trabajadores,
sensibles.
Algunos escriben poesías,
en sus ordenadores plateados;
y luego las cuelgan
en algún blog olvidado.
Pero no les hacen caso
-a sus poesías-;
lo que cuenta es su sombra
en el mundo de los hombres.
Y un día desaparece la sombra
y piensan que ya no están
que ya no son;
pero su carne, su sangre ahí sigue;
es el sol el que se ha apagado
porque llega la noche.
domingo, 3 de agosto de 2008
Encarnación
La ola que golpea el acantilado,
el pino que en la montaña se mece,
el castaño que en el valle envejece;
simples reflejos del Mundo vedado.
Un recuerdo antiguo le ha despertado.
Ya desde lo hondo el espíritu crece;
a su paso la roca se estremece,
tiembla el aire al percibirse encarnado
Se abrazan los amantes entre helechos;
sus cuerpos desnudos, humedecidos,
descansan junto al río satisfechos.
No saben que donde yacen, perdidos,
agua, mar y fuego son de nuevo hechos
y están en su amor por un dios servidos.
el pino que en la montaña se mece,
el castaño que en el valle envejece;
simples reflejos del Mundo vedado.
Un recuerdo antiguo le ha despertado.
Ya desde lo hondo el espíritu crece;
a su paso la roca se estremece,
tiembla el aire al percibirse encarnado
Se abrazan los amantes entre helechos;
sus cuerpos desnudos, humedecidos,
descansan junto al río satisfechos.
No saben que donde yacen, perdidos,
agua, mar y fuego son de nuevo hechos
y están en su amor por un dios servidos.
jueves, 17 de julio de 2008
Esmeralda
El sentimiento viene en un instante:
fresco olor en la tarde de verano,
luz excelsa de un perfume cercano,
corriente interna, fría y penetrante.
Hondo placer y dolor lacerante.
En el pecho herido hundes la mano,
con rabia buscas anhelado arcano
mientras te apaga la llaga sangrante.
Rozar deseas la fría esmeralda
cuyo brillo sospechas en el centro.
Suave, exangüe, la vida ya se salda;
pero tienes fuerzas y miras dentro,
contemplas de estrellas una guirnalda
mientras viene la muerte para adentro.
fresco olor en la tarde de verano,
luz excelsa de un perfume cercano,
corriente interna, fría y penetrante.
Hondo placer y dolor lacerante.
En el pecho herido hundes la mano,
con rabia buscas anhelado arcano
mientras te apaga la llaga sangrante.
Rozar deseas la fría esmeralda
cuyo brillo sospechas en el centro.
Suave, exangüe, la vida ya se salda;
pero tienes fuerzas y miras dentro,
contemplas de estrellas una guirnalda
mientras viene la muerte para adentro.
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