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martes, 25 de enero de 2011

Súbita luz

Súbita luz que me rodea, toda;
los párpados cerrados;
inicio de un ascenso.
Flota en la noche.
Tersos canalillos de sangre rosa
contra el blanco y la carne.
Tu peso se diluye en la cabina,
que sisea cortando el aire negro.
Si ella llegara y tú ya no estuvieras,
si te visitara, ¿lo sentirías?
¿o tan solo desaparecerías?
En las noches siniestras en que viajas
estás tan profundamente cansado
que si no fuera por los otros,
los otros pasajeros, claro;
te dormirías.
¡Adiós!

10 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Este viaje en avión transporta al más allá. Es adios final ya justifica todo el poema. Espléndido.

ADELFA MARTIN dijo...

tal vez lo sentirìa y lo verìa, solo que nadie se darìa cuenta...
¿o no?

abrazos

Rosa Matilde Jiménez Cortés dijo...

Un sabor extraño la última palabra leída, absorbida en el viaje que no retorna, que consigo va... La palabra, basta una para terminar o emprender el vuelo.

Con cariño te saludo, Rafael.

Meri Pas Blanquer dijo...

Entre el blanco y la carne se forma una cámara secreta cuya luz rechina y duele.

Rafael dijo...

Gracias, José. Si es que volar siempre tiene algo de sobrenatural. Un abrazo

Rafael dijo...

Hola Adelfa, sería tremendo que nadie se diera cuenta. Esto creo que me daría para una continuación. Me lo apunto. Gracias. Un abrazo, amiga

Rafael dijo...

¡Querida Rosa! ¡Qué alegría verte por aquí! ¡Cuánto tiempo! Como dices, una sola palabra puede servir para terminar o emprender. Curiosamente en nuestro caso este "¡Adiós!" nos ha unido, separados como estábamos desde hace tamto tiempo. Un fuerte abrazo te envío

Rafael dijo...

¡Dios mío, Meri Pas! ¡qué hermoso lo que dices! "Luz que rechina y duele". Me da que pensar. Ojala lo pueda utilizar en algún momento. Gracias. Un abrazo

María Socorro Luis dijo...

Tu viaje, ¿sideral?, me ha conmocionado.

Un abrazo.

Rafael dijo...

Hola Socorro, no tanto como sideral; en realidad, tan solo el despegue en un avión de pasajeros en las primeras horas de la noche. Un abrazo.