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domingo, 10 de agosto de 2008

Sombras

En el centro de la ciudad
hay edificios de cristal.
Están llenos de personas.
Silenciosos ascensores
las llevan a las alturas
y allí,
desde salas y despachos,
miran la ciudad,
tendida a sus pies.
Llegan temprano,
se van de noche
cargados de papeles,
importantes.
Vienen de muchos lugares:
de barrios obreros
de aceras estrechas
y edificios altos;
de casas elegantes,
con piscina y criada.
Todos son iguales,
quieren una sombra
en el mundo de los hombres.
Follan entre ellos
(para ligar
no hay tiempo).
Son inteligentes,
trabajadores,
sensibles.
Algunos escriben poesías,
en sus ordenadores plateados;
y luego las cuelgan
en algún blog olvidado.
Pero no les hacen caso
-a sus poesías-;
lo que cuenta es su sombra
en el mundo de los hombres.
Y un día desaparece la sombra
y piensan que ya no están
que ya no son;
pero su carne, su sangre ahí sigue;
es el sol el que se ha apagado
porque llega la noche.