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martes, 31 de agosto de 2010

Verde y azul

Bajábamos
por la carretera;
tras los árboles, el cielo.
Al final una curva,
entre el azul y el agua.
Frescor en la mañana.
Estaba fría el agua,
cogía tu mano helada
y la besaba.
Un prado a lo lejos,
los castaños y robles
sombra nos daban.
En la hierba yacer,
abandonados.
Tu carne blanca
entre los verdes
de las hojas, del agua.
Tus labios blancos,
tus ojos fríos;
la curva junto al agua.
Tu falda desgarrada,
la sangre de mi frente
que sin parar manaba;
el coche que sacaron
del fondo del regato.
Cadáveres tumefactos.

7 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Tenebroso final. ¡Y yo que pensaba que leía un poema bucólico, de esos que surgen del tranquilo asueto!
En todo caso, vuelves en plena forma.
Abrazo

Rafael dijo...

¡Diantre Jose, qué rápido, y qué alegría leer tu comentario! Echaba de menos estos diálogos. Las vacaciones están muy bien, pero para que fueran perfectas tendrían que ser compatibles con la actividad bloguera y, al menos en mi caso, no lo son.
Abrazo fuerte.

Alma Mateos Taborda dijo...

Tan bello como conmovedor con un final que impacta fuerte. Muy bueno. Me encantó leerte . Un abrazo.

ADELFA MARTIN dijo...

Vaya...con muertos y todo...parece una imagen de las que abundan en vacaciones...triste, pero es el mejor alimento del poeta...

mis abrazos

Rafael dijo...

Alma, qué agradable sorpresa tu visita. Me hace ilusión que te guste. Abrazos.

Rafael dijo...

Hola Adelfa. Da que pensar eso de que lo triste es el mejor alimento del poeta, da que pensar. Un fuerte abrazo, amiga.

Meri Pas Blanquer dijo...

Congelante poema que sin embargo quema por dentro.
Verde, azul y una blacura desmesurada se apodera de cada verso, in crescendo hasta la última palabra.

Abrazos, me alegro de tu vuelta Rafael.