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sábado, 25 de noviembre de 2017

Golpe

Las calles, los aeropuertos
volverán a ser lo que eran,
lo que eran antes del solsticio,
antes de que la balanza dudara,
antes de que las nubes y el aire se alejaran,
se disiparan.
Lo que eran antes que las semanas
se alargaran como meses de invierno.
Antes de la gran desazón.
Antes de que supiéramos del temor.
Antes.
Cuando el  pie no sentía el frío de la piedra.
Cuando había lugar a la ironía.
Lo que eran antes que nosotros fuéramos.
Quizás entonces olvidemos
los días de la soledad;
las horas de la convicción
-puño en el pecho, desazón;
mercurio en la garganta, dolor.
Quizás entonces recordemos
quiénes sufrieron y dijeron,
quienes alzaron la cabeza,
quienes extendieron la mano.
También
los de puño y cerrado corazón.
También.
Ese día el verde cubrirá el blanco
de la nieve y la escarcha en las aceras.
y los que entonces vivan no sabrán
de la música y el olor,
del frío en días de calor,
del beso y del abrazo,
de las calles engalanadas
de los amigos y de los extraños.
No sabrán el sentido de las páginas.
La vida ya no habitará en relatos,
Las fotografías nada dirán.
Entonces nadie quedará
de quienes por unos meses
sentimos el suelo temblar,
de quienes vimos las puertas abiertas
al horror que todo lo acabará.
Los libros no explicarán
que el futuro una hora tenía, no más.
Callarán que la noche podía a mediodía
comenzar.
Dejad ahora que todo acabe de pasar,
abramos los ojos para empezar a soñar.



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