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viernes, 24 de mayo de 2013

Canícula

Bares de barrio en noches de verano;
pocos clientes, luces encendidas.
Mujeres a la puerta, pies desnudos,
agitando la falda hacen viento;
aire encendido, ¡ay! en la canícula.
En el muslo la mano, pies en alto;
conversaciones lánguidas, los ojos
entrecerrados.
Soplo inmóvil, la noche de verano;
brillo en la piel, deseo velado.
Bailan y se juntan pechos y labios.
Faldas levantadas en lo blanco.
Rosas bañadas por las farolas,
música en la calle, tan cercana.
Negro joven que no aguarda mañana
quiebra las espaldas de los esclavos
que cada noche vuelven
a este jardín delicioso, encantado
donde olvidan que son
carne de matadero
alimento de picadora, cuerda;
la cadena y el fardo y el trabajo
y los muslos que se hinchan
en noches de veranos lejanos,
y oyen la falda que se levanta
con gemido en lo blanco
y saben que son
de la creación los excrementos,
regalos por él olvidados,
como flores bajo el sol, puestas en guardarraíles.