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domingo, 4 de diciembre de 2011

Amarillo


Te derramas ingenuamente sobre el asfalto
entre las sombras de luces tenues,
tu borde redondeado por el amarillo
de las farolas y de las cuevas en que habitan
los otros.
Amarillean las riberas escarpadas
de hogares inaccesibles.
Caminar por lo profundo en la ciudad inabarcable
y diluïrse.
No hay viento que arrastre los fragmentos de un yo desnudo.
Se funden las aristas y se mezclan las formas;
dejarás que el aire sólido penetre tu inexistencia
al igual que la luz atraviesa el cristal.
Eres solo una cifra en una matriz inabarcable,
un número que nadie conoce, que no existe;
el número secreto, sagrado.
El flujo de lo que es agota tu inteligencia;
armonías inescrutables, bailes inconsecuentes.
Sabes que alguien lo entiende,
que alguien comprende;
el que deshace imágenes, quizás.
Por desgracia, las imágenes quieren ser.
Te fundes con las gentes y con los edificios,
amarillean las riberas escarpadas
y te diluyes, casi hasta desaparecer.


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