En la noche les guie.
Bajamos la montaña
batiendo el corazón
en el frío y el negro.
Masticaba la niebla,
olfateaba el aire helado y gris,
caía la nieve en nuestras espaldas.
No erraba en el camino
que llevaba hasta el valle.
Ninguno se perdió
y pudimos vivir
otro verano más.
¡Hace tanto de esto!
Fue en el tiempo olvidado,
antes de que empezáramos
a encarnarnos en hombres.
martes, 22 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Tristeza
Me apetece recuperar una entrada de hace más de dos años que, no sé por qué, es de las más atacadas por los comentarios spam, esos que no saben de dónde vienen y que se limitan a incluir links para otras cosas. Gracias a esos comentarios, que me son comunicados en el correo, la tengo presente semana sí y semana también. A ver si en esta nueva ubicación recibe únicamente comentarios de amigos (reales y virtuales).
Un mundo
desnudo de palabras.
Un niño
sentado a la puerta.
Espera.
Una calle,
en un barrio,
en una ciudad
de cemento
de almas atrapadas,
cansadas.
Un niño que espera
sentado a la puerta
de una casa
cualquiera.
Tarde de cielo gris.
Hora de nada.
Mira la calle
para verla
cuando llegue
con su falda,
sus caderas,
su sonrisa,
blanca y fresca;
para besarla
y olerla
y quererla.
Y tiene la esperanza
de que la noche
no venga
y hoy pueda verla.
Pero llegan
y se lo llevan
y en el coche piensa:
¿y si es verdad
y está muerta?
mientras
las sirenas suenan.
Un mundo
desnudo de palabras.
Un niño
sentado a la puerta.
Espera.
Una calle,
en un barrio,
en una ciudad
de cemento
de almas atrapadas,
cansadas.
Un niño que espera
sentado a la puerta
de una casa
cualquiera.
Tarde de cielo gris.
Hora de nada.
Mira la calle
para verla
cuando llegue
con su falda,
sus caderas,
su sonrisa,
blanca y fresca;
para besarla
y olerla
y quererla.
Y tiene la esperanza
de que la noche
no venga
y hoy pueda verla.
Pero llegan
y se lo llevan
y en el coche piensa:
¿y si es verdad
y está muerta?
mientras
las sirenas suenan.
domingo, 6 de febrero de 2011
Mercado
En la mañana fría,
en medio de pirámides
de berenjenas, coles y naranjas;
patatas, lechugas, pimientos verdes;
en medio de puestos que giran,
en medio de fracasos inconscientes;
en medio de sonrisas ladinas,
de gritos desmesurados;
de gruñidos animales
de ropa sin lavar,
en medio del sudor,
en medio de rosas falsificadas;
en medio de lo que llaman vida,
un fragmento entre sangre y estertores.
En medio del mercado
alzo la vista al cielo.
Tras las fachadas descuidadas
se adivinan los retretes y la mierda;
en medio de las pirámides de berenjenas,
de lechugas, coles y patatas;
en medio de los puestos que giran.
En medio de todo eso
siento el cuchillo y la náusea;
y prefiero el cuchillo frío,
el cuchillo afilado;
prefiero la sangre limpia
al pus, al vómito, a los excrementos;
prefiero la sangre como agua fría
a viscosas excreciones.
Lo prefiero.
en medio de pirámides
de berenjenas, coles y naranjas;
patatas, lechugas, pimientos verdes;
en medio de puestos que giran,
en medio de fracasos inconscientes;
en medio de sonrisas ladinas,
de gritos desmesurados;
de gruñidos animales
de ropa sin lavar,
en medio del sudor,
en medio de rosas falsificadas;
en medio de lo que llaman vida,
un fragmento entre sangre y estertores.
En medio del mercado
alzo la vista al cielo.
Tras las fachadas descuidadas
se adivinan los retretes y la mierda;
en medio de las pirámides de berenjenas,
de lechugas, coles y patatas;
en medio de los puestos que giran.
En medio de todo eso
siento el cuchillo y la náusea;
y prefiero el cuchillo frío,
el cuchillo afilado;
prefiero la sangre limpia
al pus, al vómito, a los excrementos;
prefiero la sangre como agua fría
a viscosas excreciones.
Lo prefiero.
martes, 25 de enero de 2011
Súbita luz
Súbita luz que me rodea, toda;
los párpados cerrados;
inicio de un ascenso.
Flota en la noche.
Tersos canalillos de sangre rosa
contra el blanco y la carne.
Tu peso se diluye en la cabina,
que sisea cortando el aire negro.
Si ella llegara y tú ya no estuvieras,
si te visitara, ¿lo sentirías?
¿o tan solo desaparecerías?
En las noches siniestras en que viajas
estás tan profundamente cansado
que si no fuera por los otros,
los otros pasajeros, claro;
te dormirías.
¡Adiós!
los párpados cerrados;
inicio de un ascenso.
Flota en la noche.
Tersos canalillos de sangre rosa
contra el blanco y la carne.
Tu peso se diluye en la cabina,
que sisea cortando el aire negro.
Si ella llegara y tú ya no estuvieras,
si te visitara, ¿lo sentirías?
¿o tan solo desaparecerías?
En las noches siniestras en que viajas
estás tan profundamente cansado
que si no fuera por los otros,
los otros pasajeros, claro;
te dormirías.
¡Adiós!
domingo, 16 de enero de 2011
Dos hermanas
El viernes pasado Eugenia Rico propuso en su facebook un juego que me pareció divertido; ella escribía el principio de una historia y luego quien quisiera la continuaba. Fuimos varios los que nos animamos a jugar y durante esta semana han ido apareciendo en la página de facebook de Eugenia las distintas continuaciones en distintas entregas. Como las continuaciones han ido apareciendo en forma de comentario a distintas entradas el resultado es un tanto caótico, por lo que a Eugenia Fernández Checa (otra de las participantes) y a mi nos ha parecido que podía ser buena idea colgar los relatos acabados en algún blog para que fuera más fácil leerlos. Ella ha colgado el suyo aquí y yo cuelgo el mío aquí.
El capitán se alzó y comenzó a contar su historia. Eran dos mujeres muy hermosas y viajaban solas en un camarote de primera clase. Eran hermanas pero parecían madre e hija porque una de ellas estaba muy enferma. La que no estaba enferma era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. (Eugenia Rico)
Y sin embargo, fue de su hermana de la que me enamoré. Cuando las invité a mi mesa sonreía ante los platos que no podía siquiera probar y me miraba con ojos dulces y lejanos: Parecía decirme: "no me desees, ya no soy de este mundo"; pero yo me hundía en ellos sin poder evitarlo.
Cuando cruzamos el Ecuador la besé bajo la noche de dobles estrellas. Creí tener entre mis brazos un pajarillo.
Murió antes de llegar a nuestro destino. Su hermana no se opuso a que entregáramos su cuerpo al mar. "Mejor así -dijo- "sin lápida que la recuerde".
La miré sorprendido, mis ojos enrojecidos se fijaron en los suyos, fríos, tan parecidos a los de su hermana y, sin embargo, tan diferentes... (el relato completo aquí)
Cuando llegaron a Berlín había transcurrido más de un mes desde que habían puesto el pie en Calais...
(...) Por supuesto que Sara tenía más preguntas; pero todos sabían que la entrega de aquel papel era el punto final de la entrevista. Un taxi, cortesía de los Bülow les esperaba a la puerta para llevarlos hasta el hotel. Se había hecho tarde, la noche venía del Este y devoraba las calles y el corazón de Sara.
La brisa hacia flamear levemente las cortinas y el sol se colaba por las rendijas que iban dejando en su ir y venir. La habitación estaba en calma, se oían amortiguados trinos de pájaros que venían desde el patio del hotel y más allá aún un leve rumor de conversaciones en las que se mezclaban los idiomas. Pero todo eso estaba lejos; allí, en la habitación, tan sólo existía la luz cálida de la mañana y el suave devenir del tiempo en el que uno puede gozar sin prisas del calor de un rayo de sol sobre la piel desnuda... (también puede leerse aquí)
El sol del verano golpeaba con fuerza la superficie de la laguna veneciana. La luz era tan intensa que semejaba niebla que cubriera los edificios de la ciudad frente a ellos. Sebastian y Sara paseaban protegidos por sombrillas y gafas de sol cerca de la terminal del Vaporeto...
(...) Sabía que su historia estaba construida sobre mentiras: o bien le había mentido Ana, o bien mentían los papeles que decían que ella era su madre; había mentido el capitán cuando le había ocultado que su padre vivía y quizás habían mentido también Heinrich y Magdalena. Y ciertamente, ella también había mentido, y ella también mentía. El impulso de averiguar la verdad había sido poderoso, muy poderoso; pero la mentira parecía consustancial a su historia; la había acompañado desde antes de nacer, y ni siquiera fue capaz de intentar averiguar la verdad sin mentir.
En todo el mar de mentiras que la rodeaban solamente había dos cosas ciertas: su padre era Carl Bülow y ella estaba embarazada; pero esto último aún no se lo diría a Sebastian, mentiría un poco más.
El capitán se alzó y comenzó a contar su historia. Eran dos mujeres muy hermosas y viajaban solas en un camarote de primera clase. Eran hermanas pero parecían madre e hija porque una de ellas estaba muy enferma. La que no estaba enferma era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. (Eugenia Rico)
Y sin embargo, fue de su hermana de la que me enamoré. Cuando las invité a mi mesa sonreía ante los platos que no podía siquiera probar y me miraba con ojos dulces y lejanos: Parecía decirme: "no me desees, ya no soy de este mundo"; pero yo me hundía en ellos sin poder evitarlo.
Cuando cruzamos el Ecuador la besé bajo la noche de dobles estrellas. Creí tener entre mis brazos un pajarillo.
Murió antes de llegar a nuestro destino. Su hermana no se opuso a que entregáramos su cuerpo al mar. "Mejor así -dijo- "sin lápida que la recuerde".
La miré sorprendido, mis ojos enrojecidos se fijaron en los suyos, fríos, tan parecidos a los de su hermana y, sin embargo, tan diferentes... (el relato completo aquí)
Cuando llegaron a Berlín había transcurrido más de un mes desde que habían puesto el pie en Calais...
(...) Por supuesto que Sara tenía más preguntas; pero todos sabían que la entrega de aquel papel era el punto final de la entrevista. Un taxi, cortesía de los Bülow les esperaba a la puerta para llevarlos hasta el hotel. Se había hecho tarde, la noche venía del Este y devoraba las calles y el corazón de Sara.
La brisa hacia flamear levemente las cortinas y el sol se colaba por las rendijas que iban dejando en su ir y venir. La habitación estaba en calma, se oían amortiguados trinos de pájaros que venían desde el patio del hotel y más allá aún un leve rumor de conversaciones en las que se mezclaban los idiomas. Pero todo eso estaba lejos; allí, en la habitación, tan sólo existía la luz cálida de la mañana y el suave devenir del tiempo en el que uno puede gozar sin prisas del calor de un rayo de sol sobre la piel desnuda... (también puede leerse aquí)
El sol del verano golpeaba con fuerza la superficie de la laguna veneciana. La luz era tan intensa que semejaba niebla que cubriera los edificios de la ciudad frente a ellos. Sebastian y Sara paseaban protegidos por sombrillas y gafas de sol cerca de la terminal del Vaporeto...
(...) Sabía que su historia estaba construida sobre mentiras: o bien le había mentido Ana, o bien mentían los papeles que decían que ella era su madre; había mentido el capitán cuando le había ocultado que su padre vivía y quizás habían mentido también Heinrich y Magdalena. Y ciertamente, ella también había mentido, y ella también mentía. El impulso de averiguar la verdad había sido poderoso, muy poderoso; pero la mentira parecía consustancial a su historia; la había acompañado desde antes de nacer, y ni siquiera fue capaz de intentar averiguar la verdad sin mentir.
En todo el mar de mentiras que la rodeaban solamente había dos cosas ciertas: su padre era Carl Bülow y ella estaba embarazada; pero esto último aún no se lo diría a Sebastian, mentiría un poco más.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Junto al mar
Las personas acomodadas descansan a la orilla del mar,
toman cócteles con vistas a la arena, a los espejos azules;
y el sol no les broncea bajo sombrillas cimbreantes.
Gafas de sol y ropas de lino sobre cuerpos sanos, delgados;
las manos juegan con copas delicadas y los labios definen
el contorno inmaculado de ambrosías sutiles, exquisitas.
La tarde perfecta se suspende durante instantes eternos;
los cuerpos tiemblan en la brisa que entra por la ventana abierta,
espaldas y pechos yacen sobre sábanas blanqueadas,
en habitaciones de cortinas mecidas por el aire limpio
que sopla venturoso desde las aguas rielantes del océano.
Es el océano negro cuando llega la noche,
las estrellas lejanas tililan como esperanzas.
Angustia la vigilia por el sol de la mañana.
Aspiramos con fuerza el aire en busca del olor
de jazmines y de galanes; de sal y de hierba; los olores.
La fiesta ha concluido y un cuerpo agotado yace
sudoroso entre sábanas frías junto a la ventana abierta.
Cimbrea mojado al son de los cristales movidos por el viento.
El gusano ya ha comenzado a trazar su camino serpenteante;
desde la punta del pie, liada entre arrugas creadas en sueños,
por el centro de la pierna retorcida, acalambrada, atrapada;
a través de la ingle exangue, abandonada; hasta la cabeza.
El cuerpo se vuelve fardo y montura
cuando la nada envuelve el corazón
que late perdida ya la razón
en medio de la noche más oscura.
Quien aguarda la cita que más dura
enloquece al oír una canción,
se estremece con la carnal pasión,
sufre al verse al final de su andadura.
Tendido en el lecho pasan las horas
lentas, dolorosas; plomo en las sienes.
Aguarda las mañanas cegadoras;
cuenta lo que has ganado, lo que tienes.
El día no temas; las turbadoras
presencias te dicen: "ahora vienes".
El primer rayo de la mañana, rojo, no es aún suficiente;
solamente cuando el sol luce en el cielo y el agua brilla
se levanta el hombre acomodado de su letargo.
La brisa del mar trae perfumes salados y frescos,
el zumo está junto a su mano y un cuerpo suave a su lado.
Ha despertado.
toman cócteles con vistas a la arena, a los espejos azules;
y el sol no les broncea bajo sombrillas cimbreantes.
Gafas de sol y ropas de lino sobre cuerpos sanos, delgados;
las manos juegan con copas delicadas y los labios definen
el contorno inmaculado de ambrosías sutiles, exquisitas.
La tarde perfecta se suspende durante instantes eternos;
los cuerpos tiemblan en la brisa que entra por la ventana abierta,
espaldas y pechos yacen sobre sábanas blanqueadas,
en habitaciones de cortinas mecidas por el aire limpio
que sopla venturoso desde las aguas rielantes del océano.
Es el océano negro cuando llega la noche,
las estrellas lejanas tililan como esperanzas.
Angustia la vigilia por el sol de la mañana.
Aspiramos con fuerza el aire en busca del olor
de jazmines y de galanes; de sal y de hierba; los olores.
La fiesta ha concluido y un cuerpo agotado yace
sudoroso entre sábanas frías junto a la ventana abierta.
Cimbrea mojado al son de los cristales movidos por el viento.
El gusano ya ha comenzado a trazar su camino serpenteante;
desde la punta del pie, liada entre arrugas creadas en sueños,
por el centro de la pierna retorcida, acalambrada, atrapada;
a través de la ingle exangue, abandonada; hasta la cabeza.
El cuerpo se vuelve fardo y montura
cuando la nada envuelve el corazón
que late perdida ya la razón
en medio de la noche más oscura.
Quien aguarda la cita que más dura
enloquece al oír una canción,
se estremece con la carnal pasión,
sufre al verse al final de su andadura.
Tendido en el lecho pasan las horas
lentas, dolorosas; plomo en las sienes.
Aguarda las mañanas cegadoras;
cuenta lo que has ganado, lo que tienes.
El día no temas; las turbadoras
presencias te dicen: "ahora vienes".
El primer rayo de la mañana, rojo, no es aún suficiente;
solamente cuando el sol luce en el cielo y el agua brilla
se levanta el hombre acomodado de su letargo.
La brisa del mar trae perfumes salados y frescos,
el zumo está junto a su mano y un cuerpo suave a su lado.
Ha despertado.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Hueso y estrella
Esto ya lo publiqué hace unos meses en "El jardín de las hipótesis inconclusas".
Hoy me lo ha recordado un comentario en el blog de Eva María Velázquez, en la entrada "Andalucía, paraíso fiscal".
Mide el hueso y apunta.
Libreta y bata, blancas y ceras.
Luz clara de la tarde
en las estancias quedas.
Polvo bajo las uñas,
amarillo en el cielo;
se vacían las cuencas;
el tiempo corre en relojes de arena.
Hace su tarea el gusano,
deshaciendo la carne en la tierra.
Arriba pican terrones
y hablan de la guerra.
Mañana gris, aire de la sierra.
El alba ha visto
mujeres llorando
monte arriba, en el bosque,
cerca del santo.
Barro húmedo y negro
sobre corazones tibios.
Los últimos latidos
los dieron bajo tierra.
En la noche tiemblan,
buscan los ojos una esperanza,
baten los corazones,
aguantan las tibias
el peso de la carne
que aventuran ya muerta.
Repara en que en el hueso se ha prendido
la punta de una estrella.
Hoy me lo ha recordado un comentario en el blog de Eva María Velázquez, en la entrada "Andalucía, paraíso fiscal".
Mide el hueso y apunta.
Libreta y bata, blancas y ceras.
Luz clara de la tarde
en las estancias quedas.
Polvo bajo las uñas,
amarillo en el cielo;
se vacían las cuencas;
el tiempo corre en relojes de arena.
Hace su tarea el gusano,
deshaciendo la carne en la tierra.
Arriba pican terrones
y hablan de la guerra.
Mañana gris, aire de la sierra.
El alba ha visto
mujeres llorando
monte arriba, en el bosque,
cerca del santo.
Barro húmedo y negro
sobre corazones tibios.
Los últimos latidos
los dieron bajo tierra.
En la noche tiemblan,
buscan los ojos una esperanza,
baten los corazones,
aguantan las tibias
el peso de la carne
que aventuran ya muerta.
Repara en que en el hueso se ha prendido
la punta de una estrella.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Academia
Frío y tristeza en la ciudad lejana.
Caminos retorcidos en un mapa
dibujado con calma, capa a capa.
Acostumbrarse a ver por la ventana
cómo pasa la dicha más cercana;
sentir que el corazón todo lo tapa;
asumir que el orgullo ya te atrapa.
Viajas hasta las fuentes en que mana
ciencia, prestigio, gloria, plata, honor.
Llegas y solo encuentras a un extraño
reducido a gozar con el calor
de estufas encendidas todo el año,
de vacuas referencias sin sabor.
Ecos suaves, tranquilidad de antaño.
Caminos retorcidos en un mapa
dibujado con calma, capa a capa.
Acostumbrarse a ver por la ventana
cómo pasa la dicha más cercana;
sentir que el corazón todo lo tapa;
asumir que el orgullo ya te atrapa.
Viajas hasta las fuentes en que mana
ciencia, prestigio, gloria, plata, honor.
Llegas y solo encuentras a un extraño
reducido a gozar con el calor
de estufas encendidas todo el año,
de vacuas referencias sin sabor.
Ecos suaves, tranquilidad de antaño.
jueves, 9 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
Versiones de dos poemas de Emily Dickinson
Me atrae la tarea de ofrecer versiones en mi propia lengua de poemas escritos en otras. No intento hacer traducciones (aunque la etiqueta elegida para estas entradas sea, precisamente, la de "traducciones"), sino versiones que equilibren el contenido y el ritmo del original. Aquí ofrezco dos versiones de poemas de Emily Dickinson. Los poemas han sido tomados de wikisource y de la página "American Poems".
Poem 745
Renunciation - is a piercing Virtue-
The letting go
A Presence - for an Expectation-
Not now-
The putting out of Eyes-
Just Sunrise-
Lest Day-
Day's Great Progenitor-
Outvie
Renunciation - is the Choosing
Against itself-
Itself to justify
Unto inself-
When larger function-
Make that appear-
Smaller - that Covered Vision - Here-
La renuncia - Virtud que penetra-
Dejar ir
lo que se siente - por lo que se espera-
Ahora no-
Apartar los ojos-
Al amanecer-
Para que el Día-
El Gran Progenitor del Día-
No prevalezca
Renunciar - es Elegir
Contra uno mismo-
Para justificarse a si mismo-
Ante uno mismo-
Si el trabajo es mayor
Hará que parezca
Menor - la Oculta Visión- Aquí-
Poem 1451
Whoever disenchants
A single Human soul
By failure of irreverence
Is guilty of the whole.
As guileless as a Bird
As graphic as a star
Till de suggestion sinister
Things are not what they are --
Aquel que por error o irreverencia
En tan solo un espíritu humano
Arrancara el encanto y la inocencia
De todo culpable sera.
Tan inocente como es un pájaro
Y tan claro como luce la estrella
Hasta llegar a la idea siniestra:
Las cosas no son aquello que son-
La idea de ocuparme de estos poemas se me ocurrió leyendo las entradas que dedicó a ellos Lisi Prada en su blog. Allí como comentarios míos están ya colgadas versiones anteriores de estas "traducciones".
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Todos nosotros
Esto lo escribí hace un tiempo. Hace poco lo he retocado. Aquí está la nueva versión.
Se arraciman encogollados sobre ocres barras de hierro
y gritarían su tristeza al viento
si aún soplara entre las basuras.
Un cielo oscuro contra el mar inmóvil.
Las noches sin luna todo lo engullen.
Vomitan su negro sobre farolas de luces amarillas,
sobre ciudades de alquitrán y cemento.
El mundo se rasca los piojos apelotonados en su cabeza,
como manadas de cebras
huyendo de uñas grasientas.
Crecieron, se multiplicaron y movieron,
llegaban hasta el mar y se preguntaban
¿no hay más? y allí se amontonaban.
Perdieron el recuerdo del calor de los bosques,
el sabor de la sangre en las manzanas.
Olvidaron el crepúsculo en las tendidas praderas,
el aire en el rostro, el cielo sobre la cabeza.
Escaleras estrechas, letras en los ascensores.
"Sí cabemos, nos apretamos".
Intimidad sobre el linóleo despegado;
cebolla, brillantina y heces;
ojos húmedos, furtivos, indiferentes;
cáscaras que se repelen.
Chabolas con suelo de tierra preceden a las paredes de doble papel,
las ratas quedan atrás y debajo;
resbalan en pulidas tuberías de acero
que llevan el gas a quienes viven encogollados sobre ocres barras de hierro
y mueren en la noche de llamas y explosiones,
igual que poemas inacabados.
En días muy tristes y, por desgracia, casi indiferentes.
Se arraciman encogollados sobre ocres barras de hierro
y gritarían su tristeza al viento
si aún soplara entre las basuras.
Un cielo oscuro contra el mar inmóvil.
Las noches sin luna todo lo engullen.
Vomitan su negro sobre farolas de luces amarillas,
sobre ciudades de alquitrán y cemento.
El mundo se rasca los piojos apelotonados en su cabeza,
como manadas de cebras
huyendo de uñas grasientas.
Crecieron, se multiplicaron y movieron,
llegaban hasta el mar y se preguntaban
¿no hay más? y allí se amontonaban.
Perdieron el recuerdo del calor de los bosques,
el sabor de la sangre en las manzanas.
Olvidaron el crepúsculo en las tendidas praderas,
el aire en el rostro, el cielo sobre la cabeza.
Escaleras estrechas, letras en los ascensores.
"Sí cabemos, nos apretamos".
Intimidad sobre el linóleo despegado;
cebolla, brillantina y heces;
ojos húmedos, furtivos, indiferentes;
cáscaras que se repelen.
Chabolas con suelo de tierra preceden a las paredes de doble papel,
las ratas quedan atrás y debajo;
resbalan en pulidas tuberías de acero
que llevan el gas a quienes viven encogollados sobre ocres barras de hierro
y mueren en la noche de llamas y explosiones,
igual que poemas inacabados.
En días muy tristes y, por desgracia, casi indiferentes.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Encuentro
Hace un par de años estuve, por primera vez en mi vida, en un mitin. Hacía poco que me había aficionado a escribir y no pude resistir la tentación de intentar componer un soneto que reflejara la impresión que me causo aquella experiencia. Ahora que se están celebrando los de final de campaña de las autónomicas de Cataluña me apetece recuperar lo que escribí entonces.
Rojo mar en estanque contenido
se agita, vibra y también enmudece,
te arrastra, te empuja, y suave te mece.
Oyes palabras huecas, sin sentido,
pero no importa, sientes el latido,
poderoso, del gentío que crece,
grita y se calla, parezca que rece.
Música, discursos, ¡qué colorido!
Juntos se sientan el intelectual,
el pensionista, y el dueño del bar,
escuchan, se emocionan por igual.
¿Qué es lo que les trae a este lugar?
En el fondo, un atávico ritual,
el clan, reunido, antes de cazar
lunes, 22 de noviembre de 2010
Pequeño
A esta hora
me siento pequeño
como un grano de arena.
El espacio se expande,
se tensan las supercuerdas
que arrastran a las galaxias;
eones se precipitan
al centro de cúmulos globulares.
Noto en mi piel
la fuerza extraordinaria
de la explosión primigenia.
No soy menos
que las miríadas de estrellas
que giran en torno
al centro oscuro
de la Vía Láctea.
Lo negro me engulle,
la nada me rodea;
one, two, three, four, five, six.
Tan solo una luz,
una luz que brilla
en medio del vacío más profundo.
Esa luz, esa luz,
soy yo.
me siento pequeño
como un grano de arena.
El espacio se expande,
se tensan las supercuerdas
que arrastran a las galaxias;
eones se precipitan
al centro de cúmulos globulares.
Noto en mi piel
la fuerza extraordinaria
de la explosión primigenia.
No soy menos
que las miríadas de estrellas
que giran en torno
al centro oscuro
de la Vía Láctea.
Lo negro me engulle,
la nada me rodea;
one, two, three, four, five, six.
Tan solo una luz,
una luz que brilla
en medio del vacío más profundo.
Esa luz, esa luz,
soy yo.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Instante
Primero, la colcha;
luego, el cristal;
más allá, el aire, el cielo;
y al final, sobre la hierba,
fulgores verdes y amarillos;
ramas y hojas.
Brisa en la tarde plena,
el atisbo de una señal.
Una tarde perfecta,
un instante que refleja
mares vacíos y azules,
cielos eternos, imperecederos,
una luz singular.
Por guardarte daría...
daría el zumo junto a la cama,
daría el libro que ahora leo,
daría los juguetes y los regalos.
Daría la vida de mis hermanos.
Daría todo lo que sobra
en este mundo.
luego, el cristal;
más allá, el aire, el cielo;
y al final, sobre la hierba,
fulgores verdes y amarillos;
ramas y hojas.
Brisa en la tarde plena,
el atisbo de una señal.
Una tarde perfecta,
un instante que refleja
mares vacíos y azules,
cielos eternos, imperecederos,
una luz singular.
Por guardarte daría...
daría el zumo junto a la cama,
daría el libro que ahora leo,
daría los juguetes y los regalos.
Daría la vida de mis hermanos.
Daría todo lo que sobra
en este mundo.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Pradera
Al viento cuando vuelva
decidle que soy
aire insubstancial.
Mi mano toca el cuero,
la cincha y la rienda.
Siento el latido,
el olor en la grupa,
los cascos que golpean.
Me sostiene la tierra.
El frío en la cara,
la luz en los ojos.
Ya vuelo ahora,
jinete sobre la hierba,
pradera sin final.
decidle que soy
aire insubstancial.
Mi mano toca el cuero,
la cincha y la rienda.
Siento el latido,
el olor en la grupa,
los cascos que golpean.
Me sostiene la tierra.
El frío en la cara,
la luz en los ojos.
Ya vuelo ahora,
jinete sobre la hierba,
pradera sin final.
sábado, 30 de octubre de 2010
Esclavos
El aire no levanta
el polvo de los esclavos,
pero ni tú ni yo
dejaremos en la tierra
más rastro u otra huella
que la que ellos dejaron.
el polvo de los esclavos,
pero ni tú ni yo
dejaremos en la tierra
más rastro u otra huella
que la que ellos dejaron.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Batalla
El campo de batalla
desierto va quedando;
brilla el sol de la tarde
sobre la hierba
y los escudos
maltrechos;
la brisa entre los árboles cercanos.
Ni tú ni yo
hemos sobrevivido
a la batalla
inexistente.
desierto va quedando;
brilla el sol de la tarde
sobre la hierba
y los escudos
maltrechos;
la brisa entre los árboles cercanos.
Ni tú ni yo
hemos sobrevivido
a la batalla
inexistente.
sábado, 9 de octubre de 2010
Xiateros
Hago una excepción y cuelgo aquí una cosa que ni rima ni tiene ritmo. La escribí como comentario en el blog de Jose Zuñiga; en una entrada titulada "firmas en la feria". El poema de Jose Zuñiga es como sigue:
"Sin duda desvarío:
los poetas que firman en la feria
me parecen tratantes de ganado"
A continuación dejo el comentario tal como lo escribí en el blog "Tiempo a destiempo":
"Tratantes de ganado... xiateros les decía en mi niñez, allá en Asturias. Estoy viendo a uno ahora, de unos cincuenta años (entonces me parecía muy viejo), con boina y un traje azul que le quedaba largo por unos sitios, ancho por otros, corto en las mangas... creo que le faltaba algún diente y llevaba un palillo en la boca. Listo parecía, duro también. No sé por qué me lo imaginaba al final del día en cualquier chigre del pueblo de la feria, siempre lejos de su casa, arremangado y bebiendo sidra o vino peleón con algunos de los paisanos con los que había tratado por la mañana.
"Sin duda desvarío:
los poetas que firman en la feria
me parecen tratantes de ganado"
A continuación dejo el comentario tal como lo escribí en el blog "Tiempo a destiempo":
"Tratantes de ganado... xiateros les decía en mi niñez, allá en Asturias. Estoy viendo a uno ahora, de unos cincuenta años (entonces me parecía muy viejo), con boina y un traje azul que le quedaba largo por unos sitios, ancho por otros, corto en las mangas... creo que le faltaba algún diente y llevaba un palillo en la boca. Listo parecía, duro también. No sé por qué me lo imaginaba al final del día en cualquier chigre del pueblo de la feria, siempre lejos de su casa, arremangado y bebiendo sidra o vino peleón con algunos de los paisanos con los que había tratado por la mañana.
Ese aire fermentado del chigre a la noche; mezcla de humo, sudor, sidra derramada, serrín y hasta orines; paragüas chorreando y madreñas me parecía el colmo de la degradación, y, a la vez, el entorno natural del xiatero; separado de su familia, trabajando entre estiercol y ocupado en hacer parecer barato lo caro y caro lo barato.
Escritores de canapé... me los imagino, con su aire falsamente despistado, su bohemia de boutique; sonrisas cuidadas y mirada ora displicente ora vanamente interesada.
Me los imagino al final de la jornada, en alguna fiesta de compromiso, yendo de un grupo a otro buscando siempre una frase ingeniosa que no llegue a la estridencia, arrimándose a valedores y poderosos, dando esquinazo con disimulo a arribistas de menor categoría.
Estos salones minimalistas de paredes claras y pinturas abstractas, de suelos pulidos y fríos y lámparas de líneas puras se asemejan a palacios de la inteligencia. Y el escritor de éxito es su eje de rotación, su piedra angular, el viento que hace flamear las velas. Siempre en el centro de todos los debates, entendido en todos los saberes, admirado y envidiado por la mayoría, sólo unos pocos saben que su posición depende de habilidades ocultas: identificar a quien mueve los hilos, adular de forma sutil, obedecer crípticas órdenes y abstenerse cuando se hace preciso. En definitiva, un prestidigitador que crea y quita valor con un juego de manos.
¡Qué buena imagen Jose! ferias y firmas... me encanta. Me ha traído recuerdos de hace mucho tiempo ¿sabes que en Cangas de Onís hay (o había) una tienda en cuyo letrero ponía "Librería y Ferretería? Lástima no haberle hecho una foto en su momento.
viernes, 1 de octubre de 2010
Comedia
Y sigue la comedia.
Se apelotonan los liberados,
empujan y gritan para conseguir
¿qué?
Uno que llega tarde se estresa,
a otro lo golpean,
se insultan y amenazan
como si en verdad enemigos fueran.
Y mientras, otros ríen,
respetan y acuerdan.
No son los de siempre, no.
Siempre sangre nueva llega
al escenario de la comedia.
"Los espías y los mafiosos
ven el mundo
como realmente es".
Dijo Le Carré.
Los políticos ¿cómo lo ven?
¿Como es o como debiera ser?
¿Son ilusos?
¿Son espías?
¿Son mafiosos?
Casi prefiero
-pero sólo "casi"-
casi prefiero, digo,
no saber.
Se apelotonan los liberados,
empujan y gritan para conseguir
¿qué?
Uno que llega tarde se estresa,
a otro lo golpean,
se insultan y amenazan
como si en verdad enemigos fueran.
Y mientras, otros ríen,
respetan y acuerdan.
No son los de siempre, no.
Siempre sangre nueva llega
al escenario de la comedia.
"Los espías y los mafiosos
ven el mundo
como realmente es".
Dijo Le Carré.
Los políticos ¿cómo lo ven?
¿Como es o como debiera ser?
¿Son ilusos?
¿Son espías?
¿Son mafiosos?
Casi prefiero
-pero sólo "casi"-
casi prefiero, digo,
no saber.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Catarro
Cada catarro,
cada desvelo,
cada noche de llanto
te quita algo
de lo que llevas dentro.
Vas deshaciendo
esta impostura,
la blanca máscara
que te pusieron
la tarde gris
en que nacieron.
Estás desnudo.
Casi lo entiendes todo:
el Padre es Hijo,
el Hijo es Padre;
nadie conoce al Padre
excepto el Hijo.
Y quien es padre
y ha visto en los ojos
de un pequeño hijo
la necesidad simple
de serlo todo,
de ser un dios
poderoso y amable;
de simular
fuerzas que no tienes,
valor del que careces.
Cuando has visto tal cosa
entiendes
¡vaya si entiendes!
Lo entiendes todo,
casi todo lo entiendes;
aunque no sabes
lo que sientes.
cada desvelo,
cada noche de llanto
te quita algo
de lo que llevas dentro.
Vas deshaciendo
esta impostura,
la blanca máscara
que te pusieron
la tarde gris
en que nacieron.
Estás desnudo.
Casi lo entiendes todo:
el Padre es Hijo,
el Hijo es Padre;
nadie conoce al Padre
excepto el Hijo.
Y quien es padre
y ha visto en los ojos
de un pequeño hijo
la necesidad simple
de serlo todo,
de ser un dios
poderoso y amable;
de simular
fuerzas que no tienes,
valor del que careces.
Cuando has visto tal cosa
entiendes
¡vaya si entiendes!
Lo entiendes todo,
casi todo lo entiendes;
aunque no sabes
lo que sientes.
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