martes, 25 de abril de 2023
Altre 23 d'abril
domingo, 9 de abril de 2023
Trinchera
lunes, 13 de marzo de 2023
Fútbol
viernes, 24 de febrero de 2023
Yahveh
Dicen que Yahveh era una montaña.
Hay quien piensa que las olas que rompen
en los acantilados de la muerte
traen nuevas de quien habita el cielo;
algunos sueñan que el mar es un dios
colérico o dormido,
fuerte o, tal vez, vencido.
¿No son ellas olas, mar y montañas?
¿No son mujeres las que pastorean
las nubes en los cuentos infantiles?
¿Qué loco imaginó que Dios pudiera
ser en algún momento otra cosa
que puro amor de madre,
de amiga, esposa, hermana?
lunes, 13 de febrero de 2023
Ajedrez
domingo, 22 de enero de 2023
Habitaciones clausuradas
viernes, 30 de diciembre de 2022
Land in trust
Navidad 2022
lunes, 5 de diciembre de 2022
Días difíciles
Frío en el rostro,
ojos vacíos,
pecho en silencio.
Una mano extendida, seca y pálida.
Polvo en la ropa, heridas en la frente.
Junto al cuerpo se vienen los curiosos
y comentan los lances del encuentro.
Que si bueno y valiente parecía,
que si el mucho mérito que tenía…
Uno limpia de sangre el estilete
mientras aguarda el silencio en la plaza.
Ya sin nadie se inclina sobre el cuello
y al oído le susurra un lamento.
“Bien ahí estás,
¿quién te manda resucitar un muerto,
limpiar a un leproso, curar a un ciego?
Este es negocio de tontos y truhanes.
De gente honesta, ni casa ni mesa”.
Envaina el gañán y lento se vuelve
sin reparar en que en el ojo frío
una lágrima como ola cae
y ya por la mejilla, suave, rueda.
Desconfía de muertos
que a llorar llegan.
Otro vendrá
con ojos limpios,
rostro terso y un latido en el pecho.
Una mano que roza dedos secos
para que una idea justa y buena
viva, se extienda, crezca.
jueves, 8 de septiembre de 2022
Lengua
sábado, 30 de abril de 2022
Colibrí
lunes, 4 de abril de 2022
You
domingo, 3 de abril de 2022
El horror de la guerra
martes, 15 de marzo de 2022
Tú
suave mueve un mechón de tus cabellos.
Indolente se mece sin que alcances
a domarlo, ni siquiera a rozarlo.
Tu cabeza erguida, mirada al frente,
rodilla en tierra, piernas separadas.
Las manos a la espalda, las muñecas
ligadas y los puños apretados.
Vence el fuego a la negra oscuridad,
de la batalla el ruido, a la vigilia;
el orgullo y la rabia, a de la muerte
el infantil temor.
Breve es el momento que aún te queda,
poco el aire que tu pecho tendrá.
Tus ojos buscan un postrer fulgor,
Un rostro amigo, la luz de la luna,
la sombra en el suelo de la palmera.
Se agita tu corazón, te golpea.
En la carne penetra el cruel machete,
fuego y estrellas giran sin control.
Cae la cabeza sobre la arena,
todo acabó.

























