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lunes, 15 de julio de 2013

Hierba

El viento meciendo la hierba alta,
y el viento meciendo la hierba,
el viento meciendo la hierba;
el viento meciendo.
Mecía y mecía la hierba el viento,
la hierba mecía y mecía el viento,
la hierba mecía
el viento.
Tan solo un momento, la hierba, el viento;
un momento la mano suave, el viento
en el aire, en la hierba que mecía.
Solo en una mirada, comprendía
el aire, la tierra, la hierba, el cielo.
Sabía, sabía que allí moría




viernes, 14 de junio de 2013

Veintidós de junio



Era el veintidós de junio
de mil novecientos setenta y tres.
Cumplía siete años
y era feliz.
Sábado por la tarde
del veintidós de junio
de mil novecientos setenta y tres.
Una película de caballeros,
espadas brillantes,
jardines de attrezzo
y la frase que nunca olvidaré
"el señor tiene más de doce libros".
Ingenuamente
corrí a contar
los libros que tenía
el veintidós de junio
de mil novecientos setenta y tres,
por ver si eran
más los que poseía
el señor del castillo medieval.
También había un pastel
De bizcocho con crema y chocolate.
No faltaba nadie
de los que entonces eran,
el veintidós de junio
de mil novecientos setenta y tres.
Quizás llovía y
toda la casa era un edredón.
No soy ya aquel,
soy otro que recuerda
a quien entonces fue.






sábado, 25 de mayo de 2013

Poética


Los poemas son fotografías. Tomamos una foto para recordar un momento, a una persona, un lugar; o dicho de otra forma, una persona en un momento dado y en un lugar determinado. Queremos fijar la imagen y poder volver a ella una y otra vez, si acaso mostrarla a quien no estaba allí y de esa forma llevar el instante capturado con nosotros para conservarlo y compartirlo.
Cuando se escribe algo que pudiera parecerse a un poema intentamos captar un sentimiento, una vivencia normalmente intensa y con frecuencia pasajera que nos agita en un momento dado. Muchas veces la experiencia dura tan solo un segundo, en otras ocasiones puede prolongarse durante años. En algunos casos es tan evidente para quien la vive como una quemadura, un beso o una caricia; en otros supuestos cuesta llegar a ella porque está enterrada en algún lugar de nuestro interior y nuestro consciente solamente percibe una agitación que no llega a identificar. Hemos de hacer introspección, hurgar hasta rescatar ese sentimiento que nos ha conmovido y que queremos guardar. El poema es la forma de conservarlo.
La asociación de palabras, imágenes, ritmos, rimas y cualquier otro recurso que se nos ocurre busca (consciente o inconscientemente) fijar en un soporte externo esa vivencia inefable que pensamos que podríamos perder si no se pone por escrito. En este sentido es en el que creo que poesía y fotografía se parecen.
Esta semejanza básica extiende sus brazos a otros muchos aspectos. Si uno se fija en lo que uno escribe y en lo que puede leer -y hay que considerar no solamente a los autores consagrados, sino también a los miles de aficionados que pululan por la red- nos damos cuenta de que cualquier tema puede ser bueno para la poesía al igual que lo es para la fotografía; pero como sucede con esta última es fácil que también en la poesía una gran parte de lo que se produce carezca del valor universal que lo hace interesante para alguien más que para quien lo escribe o sus allegados más cercanos. ¿Cuántas fotos vemos en que se nos muestra a hijos, cónyuges o amigos? Yo mismo cuelgo muchas imágenes de ese estilo que seguramente no interesan más que a mi familia o a alguno de mis amigos; pero que, evidentemente, nada dicen a la inmensa mayoría de quienes navegan por internet. Existen otras fotografías, en cambio, que por su objeto, por el encuadre, por los colores, por otra razón o por una combinación de varias llaman la atención a muchos que no tienen relación directa ni con el tema ni con el autor. Estas fotografías aportan algo que tiene valor general y son, habitualmente, las que acaban circulando de una punta a la otra del Planeta y en las que acabamos poniendo miles de "me gusta".
Igualmente en poesía es fácil comprobar cómo muchas de las obras que se leen son tan evidentes como lo es una foto de familia tomada en cualquier lugar tópico y carecen, por tanto, de ese valor universal que hace que conmuevan a personas que nada tienen que ver ni con lo fotografiado ni con quien lo fotografía. Ahora bien, que carezcan de esta dimensión no convierte a tales poesías en prescindibles. Una foto, cualquier foto, es valiosa por esa captura del momento que siempre tendrá interés al menos para quien la hace. De igual forma cada poesía captará ese sentimiento particular que la motiva y que, al menos para quien la escribe, merece ser conservado. Me entristece que algunos renuncien a escribir porque piensan (y en ocasiones con razón) que lo que escriben no es lo suficientemente bueno. No se escribe para escribir algo "bueno". Se escribe para transmitir un sentimiento y, al igual que en una fotografía, el resultado será más o menos perfecto; pero siempre servirá al autor para revivir aquello que de otra forma hubiera pasado.
No todas las fotografía que hacemos son de premio (seguramente ninguna); pero todas nos son queridas por una u otra razón. Para cada uno de nosotros dicen algo y por eso nos agrada compartirlas. Más allá del valor técnico o artístico tanto los poemas como las fotografías son, en cierta forma, nosotros mismos; pequeñas huellas que nos ayudan a multiplicar la vida.


viernes, 24 de mayo de 2013

Canícula

Bares de barrio en noches de verano;
pocos clientes, luces encendidas.
Mujeres a la puerta, pies desnudos,
agitando la falda hacen viento;
aire encendido, ¡ay! en la canícula.
En el muslo la mano, pies en alto;
conversaciones lánguidas, los ojos
entrecerrados.
Soplo inmóvil, la noche de verano;
brillo en la piel, deseo velado.
Bailan y se juntan pechos y labios.
Faldas levantadas en lo blanco.
Rosas bañadas por las farolas,
música en la calle, tan cercana.
Negro joven que no aguarda mañana
quiebra las espaldas de los esclavos
que cada noche vuelven
a este jardín delicioso, encantado
donde olvidan que son
carne de matadero
alimento de picadora, cuerda;
la cadena y el fardo y el trabajo
y los muslos que se hinchan
en noches de veranos lejanos,
y oyen la falda que se levanta
con gemido en lo blanco
y saben que son
de la creación los excrementos,
regalos por él olvidados,
como flores bajo el sol, puestas en guardarraíles.


martes, 7 de mayo de 2013

Darse

Darse
como se da la manga de un jersey.
La vuelta,
darse la vuelta,
expuesto el interior a viento y lluvia.
No tiene bordes
la flor abierta.
Flor blanca y amarilla
contra el verde; el azul de las montañas
que en un día lejano, abandoné.
Son quienes me rodean almenares,
luces frente a lo negro.
Cae uno, se apaga.
Muere ante el soplo del viento en la noche.

Viene de lejos ese aire frío.
El viento negro,
los sueños de los niños.
Más allá hay otro mundo, recordado.
Las montañas que un día abandoné.
No tiene borde el Ser,
se confunde
con Él,
no ser.


domingo, 21 de abril de 2013

Restos y lo contrario


Restos

Recuerdo aquel verano, aquel amor
intenso, fuerte, no correspondido.
Siento la llaga de lo no vivido;
por ojos entrevistos, cruel dolor.
Me falta haber sentido su calor,
haberla amado en lecho compartido,
olvidarla tras haberla perdido.
Me falta haber probado su sabor.
Restos suyos quedan en este mar
lleno de palabras huecas, vacías.
¿Podría sus huellas aquí encontrar?
Tal vez disfrute con las poesías
en que llamo a quien deseé besar.

Tan solo son ensoñaciones mías.



Y no resisto la tentación de completar la entrada con un bellísimo poema que es la antítesis de lo que aquí escribo:



lunes, 1 de abril de 2013

Techo

Lento el día, horas de plomo, nada.
Gris en lo alto anega la esperanza
del que aguarda seca herida de lanza.
Muerte le dará a la gloria alcanzada.
¡Vida!, descubrirse un alma embarrada;
un corazón que la dicha no alcanza;
de los demás, la falta de añoranza.
Solo un gusano en inmensa explanada.
Sufrir ese dolor en la garganta,
esa angustia sin sentido en el pecho.
Penar por lo innombrable que te espanta,
soñar con el definitivo lecho
donde la diosa nívea te canta
y tu centro, de estrellas roza el techo.

Rafael R. Costa nos invitaba hoy a intentar escribir un soneto. Como le decía, una invitación difícil de rechazar. Aquí dejo mi propuesta.

Portada del libro de Rafael R. Costa "44 Sonetos de amor y otros barcos a la deriva"

miércoles, 13 de marzo de 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

Canto de ira y fuego 2013

Una mano pequeña
te agarra como ancla;
es tan sólo un recuerdo
en la fría mañana.
Otros recuerdos vienen,
son los que te acompañan
desde aquel otro día,
gris memoria lejana.
Otra mano a lo lejos
que por ti se agitaba;
El asesino azul
tranquilo te aguardaba.
Pero antes las piedras
con sangre han sido untadas.
Él quedó en el camino
y en tu alma su mirada.
Ahora la estás viendo,
aquí, en esta mañana,
definitiva, ardiente,
caótica y extraña.
La sal seca la boca,
la ropa está mojada,
horizonte lejano,
miedo al crujir las tablas.

Regresabas del campo
cuando viste las llamas
cuando oíste los gritos,
tu nombre pronunciaban;
un silbido en el aire
te trajo la desgracia.
Aceptas el periódico
que en el metro regalan
te aprietas contra tantos
que el mismo aire exhalan.
¿Acaso hay diferencias
entre los que para vivir trabajan?

Una mano en el culo,
tragas saliva, pasas.
Los ojos distraídos
se fijan en su cara.
Guapa, morena, pálida.
Le clava la mirada,
ella también le mira,
parece contrariada.
Quiero olvidar su gesto
cuando el café tomaba,
y el sabor de su piel
cuando con él follaba.
Hoy acabo el informe
y hago ya la llamada.
Si estamos a primeros,
otro mes sin la paga,
cogeré los ahorros
para el envío a casa.
Es guapo el tío negro,
lástima que no vaya
al bar en el que entro;
que baje en mi parada,
le sigo, me lo cruzo,
caída de pestañas.
¿Y el móvil, dónde está?

Como cada mañana
entra en la habitación,
igual que la dejara
el día de desgracia;
bueno, hecha la cama.
La arregló el mismo día
al regresar a casa.
Vio en la mesita el móvil
que entonces olvidara
encendido y abierto;
y que ahora muerto también estaba.

En el Cielo tus hijos
están, a ti te aguardan.
Grita y golpea airado
ante las cajas blancas,
blancas como el metal
del cajón en que viaja.
De pie echa la cuenta
de lo que aún le falta
para acabar el pago
de la pierna moderna
que a su hija regala.
Sabe que allá muy lejos
ella por ella aguarda.
Ahora busca sombra
donde antes jugaba
¿Cuánto dinero cuestan
de un pájaro las alas?
Las manos en los guantes,
todo fluye y encaja,
incluso el traqueteo
con su mente acompasa.
Tranquilo en su palacio
goza de la mañana.
De nuevo han fracasado
los que la paz pactaban.
Superficial artículo,
por algo lo regalan,
luego lo mirará
en...
...y todo estalla.

Sí que es malo el café
del bar de la parada;
pero ella que no tiene
se siente como en casa
entre ruido de trenes
y churros en la barra.
De repente el estruendo
y el mundo que se acaba.
No te puedes mover,
estás petrificada.
El bar es un dibujo
de gente estupefacta.
Tiras del compañero,
hacia el andén avanzas.
Del túnel salir ves
el primer cadáver de la mañana.
Rojo, azul, alarido;
del infierno la entrada.
Tienes que ir, ahí.

Oscuro alrededor,
agua y sangre en la espalda.
Echa en falta su guante,
la mano que guardaba
y el brazo que movía
el mundo en que gozaba.
Fulgores de linternas,
una voz que le llama.
Vio el fuego, oyó la bomba;
la chica se quemaba,
su rostro se fundió;
el fuego rojo avanza
hacia él, indefenso,
la llama ya le mata.
En las piernas temblor,
los hierros ella salta,
la sigues, entras, rezas.

El silencio, el dolor;
muerte bajo la carpa.
Lloran y se estremecen
los que en ella trabajan
cuando en un móvil vivo
se oye la llamada
por la que amante, amigo,
padre, madre o hermana
palabras de un cadáver
con angustia reclaman.
Ve la sábana blanca,
encima la tarjeta,
alguien ya la levanta.
Pues sí, ha sucedido
un mundo así se acaba.
Unos ojos cerrados,
sangre seca en la cara,
no más mañanas juntos
perreando en la cama.
Muchos años después
aún recuerda aquella blanca mortaja,
de la que es una copia
la que la luz le tapa.

Llevas en ti la muerte
y un recuerdo en el alma.
El dolor es más fuerte,
sientes como te abraza,
casi te reconforta
en esta hora amarga.
Si tus hijos vivieran...
los sientes a tu espalda,
pronto serán reales;
muerte en vida tornada.
Hoy tiemblan los maestros
que a las cinco aguardan
a los que recogen
esta preciosa carga.
¿Alguno no vendrá?
No aguantan las miradas
que los chavales serios
asustados les lanzan.

La estación está cerca,
los pasos no engañan.
Primaveral calor
de la luz en la cara;
fúnebre negra máscara.
Color de la mañana,
que tras ella se oculta,
ven a mi y me regalas
tan solo dos minutos
para ver la muchacha,
perfume penetrante,
que tan suave me habla.

¡Oh, tristes odios imperecederos!

(Foto de Manu Arenas)

domingo, 27 de enero de 2013

Mediterráneo


Aire y mar, la tierra y la luz fulgieron;
temprana la aurora, rosado el cielo;
la costa adivinan allende el velo.
Tras la blanca niebla la playa oyeron
quienes a las negras olas temieron.
En la noche oscura, de casa anhelo;
del amado al bien, preparado el celo.
De Troya vencedores son, volvieron
y polis erigieron. Tierra recia,
abierta a quienes aman la esperanza.
Sitio no tienen para gente necia,
todos dioses forjados con templanza
en la antigua cuna de Europa, en Grecia,
olvidada madre, nuestra añoranza.


La foto está hecha por Blanca Vilà


viernes, 30 de noviembre de 2012

Un ojo azul


Un ojo azul,
uno tan solo,
perdido su hermano,
reventado en la noche.
Noche de carreras y de gritos,
noche.
Se levantan los brazos en las calles
como hierba bajo el viento y la lluvia,
se levantan.
Se alzan del suelo
y desafían
la oscuridad.
Busca lo negro el azul
de un ojo hermoso
que en vientre obrero
el amor conformó.
Que en barrio obrero creció
y en tardes de primavera
de esperanza se llenó.
Ojo que leyó y estudió,
amó y guiñó.
Ojo que aprendió y luchó;
aquella noche
por última vez miró.
Del asfalto nacen las garras
que roban los ojos a las muchachas,
llenan de lágrimas los corazones.
De la ciudad surgen los gritos
que agrisan nuestras voces y las callan.
De los coches salen monstruos feroces
que rompen, pegan, engañan y matan.
La ciudad ha callado
y un ojo solo aguarda
que vuelva su hermano,
perdido en la oscuridad.
No, ojo hermoso,
tu hermano no volverá.
Tú solo has de mirar,
tú solo has de gritar,
tú solo has de acusar,
tú solo has de mirar;
tú solo nos has de guiar.
Tú solo, tú;
Tú serás fanal, tú serás altar,
tú serás signo y señal
tú serás quien ha de despertar
a tantos que duermen y consienten
a tantos que aún no saben
que tenemos que gritar
y que jamás, jamás
se ha de olvidar.



domingo, 18 de noviembre de 2012

Homenaje (revisado)


Chirrían los cuchillos de acerados reflejos
en la noche esmeralda del inicial encuentro,
cuando los peregrinos buscan del otro el centro.
¡Ah, sutiles espejos!

Se levantan las olas blancas frente a la playa
de luz centelleante sobre humanos escudos.
Hermosos son los pechos, sexo y sexo desnudos.
La marceleste raya.

Del barro y de la tierra se nutre el alfarero.
Ya le cansa el oficio por los dioses impuesto
y quisiera gritar, proferir un denuesto;
y se lamenta, pero;

si un pétalo pudiera con la yema del dedo,
en la hora temprana, bajo la luz azul
romper con suavidad para abrir el baúl
que guarda el aire quedo.

Se dejaría descansar en paz.




Inspirado por una serie publicada en su día por Rosa Niña Guerrera en Youtube (http://www.youtube.com/user/roma77amor).

jueves, 18 de octubre de 2012

Solo


Solo.
Piedra que late,
dentro, entre la carne;
alguien la puso
en el centro del pecho;
brillante y dura,
sin mácula de sangre,
sin.
Piedra lisa y pulida,
redondeada.
No tiene ángulos,
no tiene aristas
la piedra.
Vísceras, órganos;
lanzan su caña
a la tarde y su luz;
a la tarde.
Bombea sangre
la piedra pura
en lo oscuro del pecho.
Son los deseos huéspedes,
se estrecha la garganta,
se cierra el puño,
se concentra y se suelta,
el ojo y el cabello,
el lazo de seda,
el rostro hermoso,
la mirada,
el golpe,
...
Quiere sentir el flujo,
las cosas bellas,
el aire, el sol.
En lo alto del sauce
contempla el valle;
es jilguero y gorrión,
serpiente y musgo;
río que llena
de rumores el aire
mientras el viento agita
copas de árboles.
Llega la noche
al bosque oscuro.
Arriba el viento,
mueve los matorrales,
bulle la carne,
el helecho en los labios,
copa de lluvia
entre el verde y el negro.
Es todo lo que fue,
que podría haber sido.
Es todo
lo que se imagina.
En la tarde eterna.
suave el dolor
que penetra
la piedra.
Amor,
nada,
y.

martes, 24 de julio de 2012

Deshacer y ser


Si te pudieras deshacer y ser
¿acaso habría una mayor dicha?
Es el mundo ataúd de la desdicha
que ya te asola antes de nacer,
cuando te destinaron a yacer
lejos del negro reino de la bicha;
condenado a ser una mera ficha,
pero capaz de todo comprender.
El silencio se extiende en el vacío,
parpadean estrellas solitarias.
En la noche creciente, nada mío.
Mira estas llanuras esteparias
por tu ausencia anegadas, por el frío.
Abandonadas ruinas milenarias.


lunes, 16 de julio de 2012

Mar endins

Comparto aquí un canto al mar que hemos escrito entre Montse López y yo mismo. Ella lo inició y entre los dos lo hemos continuado.

Les onades us faran somiar.
Mar endins l'escuma us envoltarà
i sereu lliures, sereu aigua,
sereu hostes de l'eternitat.

Entreu, transformeu-vos.
Els peixos us guiaran per l'univers blau
i us portaran lluny de la realitat
on els rajos de sol us proteggiran.

Somnieu amb un mar sense final.
Arriba la foscor, milers d'estels.
Les ones són llençols, la mar bressol,
ja li ha nascut a l'ànima un nou cor.

Un dia memorable ha passat,
ha nascut un dofí austral,
que sinuosament segueix hipnotitzat
els moviments de qui vida li ha donat.

Ja torneu del món original;
ni peixos ni onades ni blaus corals.
A la cervesa groga blanca escuma.
Estic a la ciutat i veig la pluja
caure, la grisor del cel i la gent.
Sé que tornaré a la mar, al final.

Y la versión en castellano...

Vendrán sueños de las olas,
te envolverá la espuma en el mar,

allí seréis libres, seréis agua,
huéspedes de eternidad.

Entrad y convertíos,
los peces os guiarán a través del coral
más allá de la realidad,
al lugar en que el sol os protegerá.

Soñad con un mar sin final.
Llegan la noche y las estrellas.
Son las olas lecho, cuna la mar.
Del alma nace corazón carnal.

Acaba el día. Recordarás
que hoy ha nacido un delfín austral
y que sus ojos la senda admiran
de quien vida le acaba de dar.

Ya volvemos al mundo original.
Ni peces ni olas ni azul coral.
Espuma en la cerveza me hace recordar.
Cae la lluvia sobre la ciudad.
Cielo gris que se apaga.
Se que volveré a la mar.
Al final.

jueves, 5 de julio de 2012

Junto al mar


(Edward Gordon, "Wind From the Sea")


Las personas acomodadas descansan a la orilla del mar,
toman cócteles con vistas a la arena, a los espejos azules,
el sol no les broncea bajo sombrillas cimbreantes.
Gafas de sol y ropas de lino sobre cuerpos sanos, delgados;
las manos juegan con copas delicadas y los labios definen
el contorno inmaculado de ambrosías sutiles, exquisitas.
La tarde perfecta se suspende durante instantes eternos;
los cuerpos tiemblan en la brisa que entra por la ventana abierta,
espaldas y pechos yacen sobre sábanas blanqueadas,
en habitaciones de cortinas mecidas por el aire limpio
que sopla venturoso desde las aguas rielantes del océano.

Es el océano negro cuando llega la noche,
las estrellas lejanas tililan como esperanzas.
Angustia la vigilia por el sol de la mañana.
Aspiramos con fuerza el aire en busca del olor
de jazmines y de galanes; de sal y de hierba; los olores.
La fiesta ha concluido y un cuerpo agotado yace
sudoroso entre sábanas frías junto a la ventana abierta.
Se agita mojado al son de los cristales movidos por el viento.
El gusano ya ha comenzado a trazar su camino serpenteante;
desde la punta del pie, liada entre arrugas creadas en sueños,
por el centro de la pierna retorcida, acalambrada, atrapada;
a través de la ingle exangue, abandonada; hasta la cabeza.

El cuerpo se vuelve fardo y montura
cuando la nada envuelve el corazón
que late perdida ya la razón
en medio de la noche más oscura.
Quien aguarda la cita que más dura
enloquece al oír una canción,
se estremece con la carnal pasión,
sufre al verse al final de su andadura.
Tendido en el lecho pasan las horas
lentas, dolorosas; plomo en las sienes.
Aguarda las mañanas cegadoras;
cuenta lo que has ganado, lo que tienes.
El día no temas; las turbadoras
presencias te dicen: "ahora vienes".

Fluyen los recuerdos que en ti retienes:
reloj azul de incomprensibles horas,
leves sonrisas estremecedoras,
lluvia en la carretera de Cancienes,
autobús y paisaje; te entretienes.
Camino entre sombras retadoras,
las manos blancas, tranquilizadoras,
mecen y mecen primeros vaivenes.
Sueños que abandonan el corazón,
cruzan veloces la empapada frente
y dejan entre seda y algodón
al glorioso y putrefacto durmiente.
Penetra la brisa por el balcón
y posa sus manos en el muriente.

El primer rayo de la mañana, rojo, no es aún suficiente;
solamente cuando el sol luce en el cielo y el agua brilla
se levanta el hombre acomodado de su letargo.
La brisa del mar trae perfumes salados y frescos,
el zumo está junto a su mano y un cuerpo suave a su lado.
Ha despertado.



sábado, 23 de junio de 2012

Amanecer (revisado)


Un manto negro pálido, rosado
en azul se transforma poco a poco.
Gotas de rocío en el pelo toco,
penetra un gemido purificado,
de los labios el hueco ya cerrado.
Son dioses antiguos los que yo invoco,
son males eternos los que revoco
en el aire puro transfigurado.
Que este primer rayo en la mañana
selle el sacramento de nuestro amor.
Que la claridad sea luz que sana
de olvidos y reproches el ardor
y que al saber la oscuridad cercana
la esperemos juntos y sin temor.

Esto, que intentaba ser un soneto, tiene ya un tiempo. He vuelto a él y cambiado un verso. Creo que así está mejor; pero nunca se sabe

viernes, 20 de abril de 2012

Un poema es


Es un poema cosa sin substancia;
unas pocas docenas de palabras
que, encima, lo mejor es que no digan
nada.
Es trivial el poema, un acertijo;
un juego, un pasatiempo divertido
que sin embargo se espera que tenga
sentido.
No es alegre ni triste ni siquiera
bello el poema, solo es aire y ruido
aunque a veces también es lecho adúltero,
procaz
donde se juntan lejos de los otros
algunos que piensan, creen y sienten.
Algunos que piensan, creen y sienten
que,
muertos los dioses tranquilizadores,
son aún sus despojos enterrados
puerta que abre agujero de gusano,
diamante.
Es un poema el féretro y la puerta
a mundos tenebrosos, verdaderos;
a bosques frondosos, oscuros, húmedos
y cálidos.
Es ciudad serena nuestro poema
donde robamos horas a minutos,
donde quitamos vidas a la muerte
y lloramos
y reímos
en nuestra compartida soledad.


lunes, 16 de abril de 2012

Elefantes


Lentos elefantes de trompas estruendosas,
perversos caprichos de tristes indolentes.
Viajar acariciando madera y metal;
esperar sin gozar de la brisa y la luz,
incapaz de sentir la mano de los dioses
sobre campos tranquilos, bellos y serenos.
La santa hermandad de los que viven rechazas
para hundir tus manos y corazón en muerte
caprichosa, inútil, vacía y sin sentido.
Muerte busca muerte en las sabanas de África.
Vida aguarda humilde el rosa de la mañana.


viernes, 23 de marzo de 2012

Melancolía

En un instante,
no sabes bien por qué,
el mundo es otro.
Te toca lo inefable.
Ves las cosas que son.
Pasan campos nevados
que ya no pisarás.
Inútiles se agitan
rostros y pechos
en los que tu cabeza
ya no descansará.
Ansías una mano,
una caricia,
el calor de un abrazo,
la noche, la mañana,
atardecer.
Ansías cosas
que no serán
y sin embargo
una gran paz
te rodea y conforta.
Todo lo que es
puede ser observado,
Todo lo que hay
está esperando.
Solo pudes mirar,
pero no importa ya.
Casi todo ha concluido
y así ha de ser
en el preludio
al no ser.
Pero no aún,
que cristalina
la vida fulge
hermosa y deseable,
con un brillo postrero
violeta y lento.
Justo en el límite
todo lo ves.
Por un momento
sabes qué es
no ser.