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domingo, 21 de abril de 2013

Restos y lo contrario


Restos

Recuerdo aquel verano, aquel amor
intenso, fuerte, no correspondido.
Siento la llaga de lo no vivido;
por ojos entrevistos, cruel dolor.
Me falta haber sentido su calor,
haberla amado en lecho compartido,
olvidarla tras haberla perdido.
Me falta haber probado su sabor.
Restos suyos quedan en este mar
lleno de palabras huecas, vacías.
Podría quizás su huella encontrar.
Tal vez disfrute con las poesías
en que llamo a quien deseé amar.
Son tan solo imaginaciones mías.



Y no resisto la tentación de completar la entrada con un bellísimo poema que es la antítesis de lo que aquí escribo:



lunes, 1 de abril de 2013

Techo

Lento el día, horas de plomo, nada.
Gris en lo alto anega la esperanza
del que aguarda seca herida de lanza.
Muerte le dará a la gloria alcanzada.
¡Vida!, descubrirse un alma embarrada;
un corazón que la dicha no alcanza;
de los demás, la falta de añoranza.
Solo un gusano en inmensa explanada.
Sufrir ese dolor en la garganta,
esa angustia sin sentido en el pecho.
Penar por lo innombrable que te espanta,
soñar con el definitivo lecho
donde la diosa nívea te canta
y tu centro, de estrellas roza el techo.

Rafael R. Costa nos invitaba hoy a intentar escribir un soneto. Como le decía, una invitación difícil de rechazar. Aquí dejo mi propuesta.

Portada del libro de Rafael R. Costa "44 Sonetos de amor y otros barcos a la deriva"