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Libre

viernes, 26 de noviembre de 2010

Encuentro

Hace un par de años estuve, por primera vez en mi vida, en un mitin. Hacía poco que me había aficionado a escribir y no pude resistir la tentación de intentar componer un soneto que reflejara la impresión que me causo aquella experiencia. Ahora que se están celebrando los de final de campaña de las autónomicas de Cataluña me apetece recuperar lo que escribí entonces.

Rojo mar en estanque contenido
se agita, vibra y también enmudece,
te arrastra, te empuja, y suave te mece.
Oyes palabras huecas, sin sentido,
pero no importa, sientes el latido,
poderoso, del gentío que crece,
grita y se calla, parezca que rece.
Música, discursos, ¡qué colorido!
Juntos se sientan el intelectual,
el pensionista, y el dueño del bar,
escuchan, se emocionan por igual.
¿Qué es lo que les trae a este lugar?
En el fondo, un atávico ritual,
el clan, reunido, antes de cazar

lunes, 22 de noviembre de 2010

Pequeño

A esta hora
me siento pequeño
como un grano de arena.
El espacio se expande,
se tensan las supercuerdas
que arrastran a las galaxias;
eones se precipitan
al centro de cúmulos globulares.
Noto en mi piel
la fuerza extraordinaria
de la explosión primigenia.
No soy menos
que las miríadas de estrellas
que giran en torno
al centro oscuro
de la Vía Láctea.
Lo negro me engulle,
la nada me rodea;
one, two, three, four, five, six.
Tan solo una luz,
una luz que brilla
en medio del vacío más profundo.
Esa luz, esa luz,
soy yo.



domingo, 21 de noviembre de 2010

Instante

Primero, la colcha;
luego, el cristal;
más allá, el aire, el cielo;
y al final, sobre la hierba,
fulgores verdes y amarillos;
ramas y hojas.
Brisa en la tarde plena,
el atisbo de una señal.
Una tarde perfecta,
un instante que refleja
mares vacíos y azules,
cielos eternos, imperecederos,
una luz singular.
Por guardarte daría...
daría el zumo junto a la cama,
daría el libro que ahora leo,
daría los juguetes y los regalos.
Daría la vida de mis hermanos.
Daría todo lo que sobra
en este mundo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Pradera

Al viento cuando vuelva
decidle que soy
aire insubstancial.
Mi mano toca el cuero,
la cincha y la rienda.
Siento el latido,
el olor en la grupa,
los cascos que golpean.
Me sostiene la tierra.
El frío en la cara,
la luz en los ojos.
Ya vuelo ahora,
jinete sobre la hierba,
pradera sin final.