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miércoles, 23 de junio de 2010

Inefable

Los poetas destruyen lo inefable.
Sacan a los grillos de sus cuevas,
pintan los árboles y los lagos,
escrutan los secretos tras las grietas.
Pena, muerte, dolor, placer y luz.
Las cajas de cartón de los regalos
son desgarradas por su cuchilla,
las cuerdas y sus nudos son rehechos,
descubren los misterios más profundos,
construyen juguetes maravillosos,
deslumbrantes y complejos.
Brillan los poemas como pirámides,
como pirámides originarias,
cubiertas de piedra blanca y pulida;
pirámides que replican estrellas
(nunca fueron tumba de faraones).
Eso hacen los poetas.
Desde la orilla veo flamear
las velas ondulantes,
la quilla que hace blanco en el azul,
el sol en lo dorado de las cofas.
En esta tarde serena
quisiera que el viento suave me alzara
sobre la arena de la playa,
convertirme en aquél
que las aguas surca sin puerto,
sellar tus labios con un beso.
Eso quisiera mientras leo
lo que escriben los poetas
indolentes, hermosos, solitarios;
dueños de palacios en las montañas,
lejos del suelo por el que me arrastro.

(Foto de Labeegees Suás)

miércoles, 16 de junio de 2010

En la sombra del haiku


El otro día, Jose Zúñiga nos regaló con una serie de exquisitos haikus. Estos me animaron a escribir lo que sigue. No son haikus lo que aquí pongo, porque, me parece, el haiku no debe rimar y estos sí que riman. Además, el último tiene cuatro versos y dieciocho sílabas, en vez de los tres versos y diecisiete sílabas canónicas; pero -lo reconozco- me gustó el resultado, así que, a falta de que se me ocurra cosas mejores, lo recupero para aquí.


Vente mi amor,
vente del otro lado
del negro mar.

Vente mi amor,
que se detenga ya
este llorar.

Vente mi amor,
que en las olas comienza
a sombrear.

Vente mi amor,
que empiezo ya a dejar
de imaginar
te.

miércoles, 9 de junio de 2010

Críticos

As the reason destroys, the poet must create
Wallace Stevens


¡Qué pena los críticos!
Con sus tenazas para el pelo,
con sus tijeras de juguete.
Se acercan y miden la poesía;
la novedad, el interés.
Buscan el mérito, el progreso.
¿Qué progreso, qué novedad?
Se pierden en jardines laberínticos
y mientras,
en el fondo del bosque,
la poesía ríe
y ríe, y ríe, y ríe
en su casa invisible
en medio del aire y la nada.
Se agitan paredes de viento
y suenan voces discordantes.
Vienen y van risueños fantasmas
en calzoncillos.
Una fría sonda fina
se abre camino
a través de corazas,
ropas, reyes, navíos,
jefes y sociedades;
a través de ideas y religiones,
de parques y jardines;
a través de los pactos
y de los compromisos.
Rompe la piel y la carne,
la memoria y la cultura
y llega al hueso,
desnudo, del mono primigenio.
Nosotros.
¡Cuánto artificio necesitamos
para vislumbrar lo inefable!
El mono sentía,
pero no escribía.
Nosotros escribimos
lo que no sentimos;
lo que imaginamos
que sentiríamos
si fuéramos otros,
desconocidos.
Fantasmas en calzoncillos
que nos reflejan.
¡Qué pena los críticos,
que todo lo saben!
Todos los secretos,
toda la impostura,
literatura.
La inteligencia vence al arte,
siempre;
recemos y pidamos ser
un poco tontos.

viernes, 4 de junio de 2010

Sangre

Estaba trabajando y escuchando música del youtube. Por casualidad caí en un fragmento muy conocido de una película y casi automáticamente salió lo que sigue. Prefiero no decir la película ni colgar el vídeo porque me gustaría saber lo que sugiere sin condicionar al lector. Si aquellos que pasen me hacen el favor de decirme si caen en la película (y la música) que están detrás se lo agradeceré.


Llama la atención
la poca importancia
que tiene.
Un líquido rojo,
fluye poco a poco.
Llevas la mano al vientre
y es como un pequeño
riachuelo
Refresca la mano
y ves el final.
Sientes como te vas.
Miras abajo,
al precipicio
por el que caerás.
Es extraño,
tu estás inmovil
en medio del caos
de piedras y árboles,
nubes y azules.
Tu amor ya no está,
se borra mientras viene
la oscuridad.
Pronto te llegará
el final.

A Amelia le ha sugerido esta escena (que no es la que yo tenía en la cabeza); y la añado: