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jueves, 28 de mayo de 2009

Transparente

Vomito.
Hace tiempo que vomito.
Vomito cosas que llevo dentro,
cosas que no conocía.
Vomito hasta quedarme vacío, limpio.
Hasta sentirme ligero, transparente.
Quizás vomite siempre.
O quizás un día encuentre
que ya no soy nada,
que la luz me atraviesa sin verme.
Si ese día llega
antes que la muerte,
sabré que estoy listo
para verte.

viernes, 22 de mayo de 2009

Holanda

Me recuerdo caminando por aquella calle en Holanda.
No recuerdo dónde.
Tampoco recuerdo a qué había ido a Holanda.
Tan solo recuerdo la calle larga,
con una curva suave y pronunciada.
Caminaba acompañado, no recuerdo por quién.
Sí recuerdo, en cambio, el gris del día y de la ciudad,
que me protegía como el hogar en el invierno.
Recuerdo el frío, acogedor.
La discreta seguridad de las ciudades del norte.
Esto es lo que recuerdo.


martes, 19 de mayo de 2009

África

Uno tras otro fueron devorados
por leones hambrientos.
Los cachorros royeron sus huesos,
su carne les sirvió como alimento.
Solamente dos sobrevivieron.
Tan sólo ellos dos en la sabana,
postreros de una especie condenada.
Por azar se salvaron,
y por azar vivieron,
y procrearon.
Y sus crías se arrastraron
y sobrevivieron.
No sabemos su nombre,
ni siquiera si tenían nombre.
Sabemos que murieron,
y que cuando murieron
recordaron
un niño desgarrado
por leones hambrientos.
Y lloraron.
Y fue entonces,
en aquel tiempo sin nombre
cuando empezamos a ser
mujeres y hombres.

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti

Ha muerto Mario Benedetti; en modesto homenaje recupero este soneto inspirado en un cuento suyo que escribí hace unos meses.

Aeropuerto

Se refleja el cristal en las baldosas
y se yerguen palmeras contra el cielo,
barullo de maletas sobre el suelo.
Pasa veloz el joven y sus rosas,
se cruza con mujeres aún hermosas,
serias mientras esperan a su vuelo.
Ni una oreja sin móvil ¡qué revuelo!
Llora un niño abrazado a muchas cosas,
cansado por el lento discurrir
del tiempo en el brillante marcador
que rige de la vida el devenir.
Ninguno ve la sombra sin fulgor
que contempla impertérrita el partir
de quienes aún disfrutan del calor.

domingo, 17 de mayo de 2009

Muelle vacío

Qué triste contemplar
en el muelle vacío
la sombra del navío
que enfila hacia el mar.
"Los barcos se hacen para navegar",
masculla un marinero
que ve al niño llorar
"¿y ahora a dónde va?"
"Eso no importa,
lo que cuenta es viajar".

domingo, 10 de mayo de 2009

Feliz

Pensaba que era feliz;
absurdamente feliz.
Y un día, leyendo un poema,
sentí los ojos llenos de agua.
"La emoción me llena", pensaba.
Y me engañaba.
Me abrí la camisa,
descosí el pecho
y un montón de fango
cayó sobre el pantalón.

sábado, 9 de mayo de 2009

Castillo

Habitaba en un castillo de piedra,
gris fortaleza sobre la montaña,
estancias que la luz apenas baña,
muros -como no- cubiertos de hiedra;
polvo, ruinas, alguna telaraña.
Recorre cada día los salones.
Una amiga, un amor, busca con saña.
Nada la libra de sus obsesiones
hasta que un día, en una habitación
tras el cristal, un mundo de ilusiones
estalla, le acelera el corazón.
No hay puerta, pero allí desea entrar;
una piedra lanza con decisión,
quiere el importuno vidrio quebrar.
Lluvia sólida choca contra el suelo
para la sólida pared mostrar
que, tras el espejo, impide su vuelo.

domingo, 3 de mayo de 2009

Berlín en mayo


Imagen extraída del blog "A título personal" (http://parapaparra.blogspot.com/2007/09/la-puerta-de-brandenburgo.html)


Sale el sol temprano en Berlín
en las mañanas frescas de mayo.
Y aquel día salió aún más temprano.
Me encontré en la calle a un borracho
que, sin vergüenza, me pidió dos marcos.
Se los dí, y más le hubiera dado.
Tenía el corazón abierto,
lleno de esperanza, entregado.
A la noche había llovido
y bajo el sol todo brillaba
limpio, puro, recién fregado.
Entretuve las horas caminando.
Repiqueteaban mis pasos
sobre las baldosas de piedra
en la fría mañana de mayo.
Todo salió como había pensado:
A las once nos encontramos,
comimos con un compañero
y ya a la tarde juntos paseábamos.
Se levantó un poco de viento,
el cielo era ahora gris.
Yo me sentía destemplado.
La acompañé hasta una calle,
la calle que era su calle.
Allí me abrí las venas,
y un chorrito de sangre
me manchó los zapatos.
Pensé por un instante
que en mi alma entraría;
pero ninguna mano
me acarició temblando.
Cuando me quedé solo
supe que ya sabía,
desde el rayo de sol primero,
que aquello pasaría.
Qué ridículo es llevar un paraguas
en una tarde gris de mayo.
La noche venía del este.
El cielo negro devoraba
las calles y mi corazón.
Me senté en mi butaca.
Rodeado de gente
me sentía mejor.
Sólo faltó un espectador,
que era ¡mira por dónde!,
justo el de mi costado.
La ópera se me atragantó.
Me reí del destino
que tan claro dejaba
lo solo que yo estaba.
Hoy he recordado
que fui yo quien compré
aquella entrada junto a mí;
cuando todavía pensaba
que aquel día de mayo
el sol luciría en Berlín.